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CLUB DE POETAS

LA BELLEZA DE LA ORQUÍDEA

LA BELLEZA DE LA ORQUÍDEA La orquídea es una flor bella, tal vez la mas bella entre las flores bellas…

Me sorprendió el 11-M caminando por el Retiro como una de tantas mañanas dirigiéndome a mi trabajo, para lo cual tenía que coger el tren en la estación de Atocha sobre las 07:40 aproximadamente, aunque aproximadamente es un decir, ya que cuando vamos a trabajar solemos cruzarnos a diario con las mismas personas y en los mismos sitios con una precisión de reloj suizo.

A las 07:38 mis sentidos recibieron la misma sensación aprendida antaño en otros escenarios, dicen que quien ha notado como recorre su cuerpo una onda producida por explosivo no lo olvida jamás, tenía la absoluta seguridad de que se había producido un atentado… otra vez Madrid a la hora en que todos van a trabajar, malditos hijos de puta…

La columna de humo que se veía desde la calle Alfonso XII confirmó la peor de mis sospechas, corrí, corrí como un poseso al interior de la estación mientras una avalancha de gente enloquecida corría en dirección contraria a la mía. Hice lo que pude con quien me fui encontrando, aquella mañana…

Al día siguiente, después de una noche larga como nunca había conocido en toda mi vida y con las imágenes del horror vivido que quedaron para siempre en mi mente, pensé que lo menos que podía hacer por ellos era llevarles unas flores y decidí robarlas al pasar como todos los días por el Retiro, en la Rosaleda. ¡Tonto de mí!... la incipiente primavera que empezaba a nacer no había sido generosa y lo único que encontré fueron unas flores de color blanco en forma de racimo de lo mas simple. Las robé sabiendo que hacía bien, que mi intención era legítima, a sabiendas de que me convertía en un delincuente de la tristeza y que aquél hecho me condenaba a la cadena perpetua del recuerdo. Como tantos otros días entré en el vestíbulo de la estación, no había casi gente aunque el servicio se había reanudado a las 06:30. Me dirigí al andén de las vías 1 y 2 con intención de depositar el producto de mi hurto en aquél lugar maldito. Sólo llegué a las escaleras mecánicas, canceladas con cintas rojas y blancas de la Policía, un agente se dirigió a mi con visible intención de prohibirme el paso, pero al observar que sacaba de mi cartera aquellas flores blancas, simples, comprendió que mis intenciones eran cumplir con mi condena y se limitó a ver como las depositaba junto a aquellas escaleras.

Yo se que para ellos no habrá flor mas bella, ni siquiera la orquídea…

Valhalla

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