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CLUB DE POETAS

LUIS GARCÍA MONTERO

LUIS GARCÍA MONTERO Breves notas biográficas y obra

Luís García Montero, nace el 4 de diciembre del 1958 en Granada. En 1962 comienza sus primeros estudios en el Colegio de los Padres Escolapios de Granada, donde permanecerá hasta 1976, año en el que asiste al homenaje a Federico García Lorca en Fuente Vaqueros el día 5 de junio ("el 5 a las 5") y conoce a Blas de Otero. Inicia sus estudios de Filología Hispánica en la Universidad de Granada. Es alumno del profesor Juan Carlos Rodríguez.
En 1979 se le concede el Premio de Poesía "Federico García Lorca", de la Universidad de Granada, por su primer libro.
-1980 Y ahora ya eres dueño del puente de Brooklyn.
-1981 Comienza a trabajar como profesor asociado de Literatura Española en la Universidad de Granada.
-1982 Tristia, en colaboración con Álvaro Salvador. El libro había quedado finalista del Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla en 1981. Recibe el Premio Adonais de Poesía por El jardín extranjero.
-1983 El jardín extranjero, Rimado de ciudad.
-1984 Égloga de los dos rascacielos; publica su memoria de Licenciatura El teatro medieval. Polémica de una inexistencia.
-1985 En pie de paz.
-1986 Se doctora en Filosofía y Letras en la Universidad de Granada con la tesis La norma y los estilos en la poesía de Rafael Alberti. Luis Antonio de Villena lo incluye en su antología Postnovísimos.
-1987 Profesor Titular de Literatura Española de la Universidad de Granada. Nace su hija Irene. Publica Diario cómplice y el ensayo sobre literatura contemporánea Poesía, cuartel de invierno.
-1988 Viaja a Nueva York y Chicago con Francisco Brines y Luis Antonio de Villena; publica Anuncios por palabras y edita la poesía completa de Rafael Alberti en Aguilar.
-1989 Edita Diario de Metropolitano, de Carlos Barral, en la colección granadina "Maillot amarillo" Participa en diversos actos y congresos conmemorativos del cincuentenario de la muerte de Antonio Machado.
-1990 Publica la plaquette Irene; edita Poema del cante jondo, de Federico García Lorca, y la obra dramática inédita Santa Casilda, de Rafael Alberti.
-1991 Las flores del frío.
-1992 Luna en el sur, un conjunto de prosas sobre la Granada de su infancia y adolescencia; prologa el volumen de Felipe Benítez Reyes Poesía (1979-1987); edita una antología poética de Rafael Alberti en Espasa-Calpe
-1993 Reúne un conjunto de ensayos en dos libros básicos para conocer su teoría poética: Confesiones poéticas y El realismo singular. Con Antonio Muñoz Molina publica el librito ¿Por qué no es útil la literatura?
-1994 Comienza su relación sentimental con la novelista Almudena Grandes. Premio Fundación Loewe por Habitaciones separadas. En Además recoge los libros Y ahora ya eres dueño del puente de Brooklyn, En pie de paz y Rimado de ciudad.
-1995 Premio Nacional de Poesía por Habitaciones separadas. Comienza a colaborar como columnista en el diario El País de Andalucía.
-1996 Publica los ensayos Aguas territoriales y La palabra de Ícaro. Estudios literarios sobre García Lorca y Alberti, y con Benítez Reyes la narración Impares, fila 13.
-1997 Nace su hija Elisa. Recoge sus artículos de prensa en el volumen La puerta de la calle. Se publica la antología Casi cien poemas, con prólogo del profesor José-Carlos Mainer.
-1998 Completamente viernes. La revista Litoral, bajo coordinación de A. Jiménez Millán, le dedica un número monográfico a su obra titulado Complicidades.
-1999 Publica y estrena una versión teatral de La Celestina con motivo del quinto centenario de la publicación de la obra. Y también el libro Lecciones de poesía para niños inquietos, con ilustraciones del pintor Juan Vida.
- 2000 El sexto día. Historia íntima de la poesía española; Catedrático de Literatura Española de la Universidad de Granada. Se publica en Florencia una traducción de Habitaciones separadas al italiano por parte de Alessandro Ghignoli.
-2001 Se le concede la Medalla de Oro de Andalucía. Publica Gigante y extraño. Edición de las Rimas de Bécquer.
- 2002 Aparece la antología Poesía urbana. Reedición de Poesía, cuartel de invierno. Dirige la revista La estafeta del viento.
- 2003 La intimidad de la serpiente. Medalla de oro de la ciudad de Granada.ha sido galardonado con el Premio Nacional de la Crítica (3 de abril de 2003)

RECITAL

SE DESCALZAN LOS DÍAS

Se descalzan los días
para pasar de largo sin que nos demos cuenta.
Son casi despedidas, casi encuentros
-felices pero incómodos-
de cuerpos que se miran
y que aplazan la cita.
Aunque detrás,
suelen quedarnos huellas que no son los recuerdos.

De aquel jardín inculto yo conservo
el hombre que venía a desearte,
a caminar sin ti,
silvestre y solo.
Porque de ti le hablaban las adelfas,
con sus ramas difíciles como muchachas jóvenes,
y las palmeras altas igual que tu desnudo,
y aquel cielo corrido
que buscaba
la luz con que el amor te distingue los ojos.

No envejecemos nunca. Tal vez no envejecemos.

Y ahora puedo decírtelo,
cuando tú me recuerdas las adelfas,
y tu desnudo en arco dibuja una palmera,
y los ojos se nublan
sobre el jardín silvestre de los enamorados.

Tal vez no envejecemos. O es acaso que el tiempo
se quitó los tacones para no molestarnos.
O es acaso el deseo
que camina en los labios todavía descalzo.

SI ALGUNA VEZ NO HUBIESES EXISTIDO

Si alguna vez no hubieses existido,
si el calor de tus muslos no me hubiese
buscado como un látigo preciso
y mis ambigüedades electivas
-los días más oscuros de mí mismo-
no te hubiesen tenido como saldo
de afirmación o excusa,
es posible
que este volver a casa en soledad
y demasiado pronto,
me recordase ahora un poco menos
al joven que apostaba por el mundo,
con el mundo a su espalda.

Sólo el amor es duro.
Metidos en la noche, regresando
entre la potestad y la mentira,
hablamos del poder o de los sueños
al hablar del abrazo.
Y no lo sé tal vez, no sé si me recuerdo
prisionero de un cuerpo o libre junto a él,
buscando salvación o en servidumbre,
miserable y maldito, pero atónito.

Quizás sólo se trata de que no estás aquí,
de que perder es duro para todos
y el amor me hace falta, como sabes.
Quizás contigo estuve
tan demasiado cerca de tu reino,
que necesito ahora desmentirte,
utilizar los trucos que uno tiene
para poder seguir.

Porque somos así seguramente,
huellas equivocadas,
solitarias hogueras de un camino,
paraísos de cuatro habitaciones
que sólo se comprenden
después de haber firmado muchas veces,
precisamente ahí,
donde pone El viajero.

Y a mí, ya que prefiero escoger mis derrotas,
quiero que me recuerdes derrotado,
como quien algo espera
más allá de los tiempos y los hechos.
Quizás porque haga falta haberlo presagiado
o porque, en todo caso, nadie sabe
dónde acaban los sueños.

DISCIPLINA SECRETA

La casa como barco
en alta mar de junio.

Las calles como trenes
de noche sosegada.

Estas cosas no pasan en el mundo.

Estoy por afirmar
que ahora vivo en un libro de poemas.

Pero si tú me miras,
decidida a existir
desde el fondo templado de tus ojos,
también existe el mundo.

Y muy probablemente
yo acabaré por existir contigo.

EL AMOR DIFÍCIL

Quizá tú no me viste,
quizá nadie me viese tan perdido,
tan frío en esta esquina. Pero el viento
pensó que yo era piedra
y quiso con mi cuerpo deshacerse.

Si pudiera encontrarte,
quizá, si te encontrase, yo sabría
explicarme contigo.

Pero bares abiertos y cerrados,
calles de noche y día,
estaciones sin público,
barrios enteros con su gente, luces,
teléfonos, pasillos y esta esquina,
nada saben de ti.

Y cuando el viento quiere destruirse
me busca por la puerta de tu casa.

Yo le repito al viento
que si al fin te encontrase,
que si tú aparecieses, yo sabría
explicarme contigo.

RECUERDO DE UNA TARDE DE VERANO

Aquel temblor del muslo
y el diminuto encaje
rozado por la yema de los dedos,
son el mejor recuerdo de unos días
conocidos sin prisa, sin hacerse notar,
igual que amigos tímidos.

Fue la tarde anterior a la tormenta,
con truenos en el cielo.
Tú apareciste en el jardín, secreta,
vestida de otro tiempo,
con una extravagante manera de quererme,
jugando a ser el viento de un armario,
la luz en seda negra
y medias de cristal,
tan abrazadas
a tus muslos con fuerza,
con esa oscura fuerza que tuvieron
sus dueños en la vida.

Bajo el color confuso de las flores salvajes,
inesperadamente me ofrecías
tu memoria de labios entreabiertos,
unas ropas difíciles, y el rayo
apenas vislumbrado de la carne,
como fuego lunático,
como llama de almendro donde puse
la mano sin dudarlo.
Por el jardín, el ruido de los últimos pájaros,
de las primeras gotas en los árboles.

Aquel temblor del muslo
y el diminuto encaje, de vello traspasado,
su resistencia elástica
vencida con el paso de los años,
vuelven a ser verdad, oleaje en el tacto,
arena humedecida entre las manos,
cuando otra vez, aquí, de pensamiento,
me abandono en la dura solución de tus ingles
y dejo de escribir
para llamarte.

COMO EL PRIMER CIGARRO

Como el primer cigarro,
los primeros abrazos. Tú tenías
una pequeña estrella de papel
brillante sobre el pómulo
y ocupabas la escena marginal
donde las fiestas juntan la soledad, la música
o el deseo apacible de un regreso en común,
casi siempre más tarde.

Y no la oscuridad, sino esas horas
que convierten las calles en decorados públicos
para el privado amor,
atravesaron juntas
nuestras posibles sombras fugitivas,
con los cuellos alzados y fumando.
Siluetas con voz,
sombras en las que fue tomando cuerpo
esa historia que hoy somos de verdad,
una vez apostada la paz del corazón.

Aunque también se hicieron
los muebles a nosotros.
Frente a aquella ventana -que no cerraba bien-
en una habitación parecida a la nuestra,
con libros y con cuerpos parecidos,
estuvimos amándonos
bajo el primer bostezo de la ciudad, su aviso,
su arrogante protesta. Yo tenía
una pequeña estrella de papel
brillando sobre el labio.

NUESTRA NOCHE

Quisiera perseguir algún poema
que hablase de mis noches, nuestra noche,
la misma noche cálida de rostros conocidos,
en el mismo rincón, ya no hace falta
preguntar lo que bebe cada uno.

Escribir, por ejemplo, puedo cerrar los ojos
y todo sigue igual, abro despacio
la puerta fría de color madera,
intimidad con humo de luz almacenada,
y risas en el fondo,
y una voz que denuncia mi costumbre
de llegar siempre tarde.

Escribir, por ejemplo, son ahora
mucho menos frecuentes estas noches,
y recuerdan inviernos negociados
con renta de amistad,
y tienen algo
de temblor fugitivo.
Las caras han cambiado, saben cosas
y se parecen más a nuestras vidas.

Escribir, por ejemplo, que los ojos,
cuando pasa la noche y en la calle
duele la luz del alba,
tienen otra manera de mirarse,
un modo más avaro de pensar
en los años, los meses, las semanas,
los días y las horas.

Noche eterna, tal vez
será mejor llamarte reincidente.

HABITACIONES SEPARADAS

Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cuando pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.

Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.

Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.

Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.

De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.

No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.

Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.

Tiempo de habitaciones separadas.

PROBLEMAS DE GEOGRAFÍA PERSONAL

Nunca sé despedirme de ti, siempre me quedo
con el frío de alguna palabra que no he dicho,
con un malentendido que temer,
ese hueco de torpe inexistencia
que a veces, gota a gota, se convierte
en desesperación.
Nunca se despedirme de ti, porque no soy
el viajero que cruza por la gente,
el que va de aeropuerto en aeropuerto
o el que mira los coches, en dirección contraria,
corriendo a la ciudad
en la que acabas de quedarte.
Nunca sé despedirme, porque soy
un ciego que tantea por el túnel
de tu mano y tus labios cuando dicen adiós,
un ciego que tropieza con los malentendidos
y con esas palabras
que no saben pronunciar.
Extrañado de amor,
nunca puedo alejarme de todo lo que eres.
En un hueco de torpe inexistencia,
me voy de mí
camino a la nada.

BAJO LA LUZ QUEMADA

Bajo la luz quemada,
tienen frío los ojos con que buscas
estas horas de octubre
y su jardín manchado de ginebra,
hojas secas, silencios
que de nosotros hablan al caerse.

Porque si ya no existe,
aunque nadie se ocupe de sus solemnidades,
hay noches en que llega la verdad,
ese huésped incómodo,
para dejarnos sucios, vacíos, sin tabaco,
como en un restaurante de sillas boca arriba
ya punto de cerrar.
-Nos están esperando.

Nada sé contestarte,
sólo que soy consciente de mi propia ironía,
porque el hombre es un lobo también consigo mismo
-Nos están esperando.

Negras y en alto, buitres silenciosos,
nos esperan las nubes en la calle.
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