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CLUB DE POETAS

ANÉCDOTAS: EL RETORNO AL BEBEDERO (por muad)


Estaban ya avanzadas las fiestas, avanzadas las horas nocturnas y avanzadas las condiciones etílicas de aquellos que nunca se retiran hasta que ya no queda nada por beber, nada que escupir, ninguna brújula que consultar,hasta que todo el universo se convierte en una tumbona pertinaz que horizontaliza todo lo que encuentra.
Y he aquí entre los elegidos por la fortuna para manifestar tales síntomas a nuestro entrañable amigo, colaborador y financiador indirecto ETILINO MONAONA, rebosante de vapores, que se empecinaba en enriquecer a los miembros de AYFAM y se aferraba al endeble mostrador de la chozna, pretendiendo dar con todo el arsenal de néctares líquidos que aún quedaban por allí.
Pero,hay que decirlo, ETILINO no daba con los apoyos precisos, ni era capaz de hallar el pecunio, ni de mirar derecho, ni de hacer pie en condiciones; todo su ser tendía al caos y a extrañas poses, obsesionado por huír de un suelo que le atraía con fuerza irresistible.
“Oye”, dice Guillermo, ”que me voy a llevar a este a su casa que está como un cuerno y se nos va a a quedar aquí tirado”.
“Vale, ya me quedo yo aquí”, dice Roberto entre dos monumentales bostezos.
El corpulento Guillermo, trincó por las alas a ETILINO que apenas se oponía con inaudibles balbuceos, e inició estóicamente un pesadísimo viacrucis hasta su más que lejana morada. Calle tras calle, tropiezo tras tropiezo, bamboleo tras bamboleo, llegaron al portal, abrieron no sin complicadas manipulaciones la puerta, subieron a trompicones las escaleras, lo desplomó sobre la cama, le quitó el calzado y lo dejó en las más absoluta inmovilidad. O al menos, eso parecía.
Guillermo es corpulento y fuerte, pero expediciones como aquella le dejaban hecho papilla; volviendo hacia la chozna se encontró con APARICIO,(porque se le aparició), y sobre él descargó su alma con los consabidos “estoy de las fiestas hasta los cojones”, ”a estas horas no hay más que borrachos",(¿y él y APARICIO?),”tengo un sueño que no me tengo”,“cuando acabe esto me voy a tirar durmiendo una semana”y, por supuesto, ”acabo de dejar a ETILINO en su casa que no se tenía de pie”.
Ya recuperado el aliento enfiló hacia la plaza, dobló por la florida y, ¡oh destino demoledor!, lo que a primera vista le pareció un imposible, a segunda ya fue un improbable, y después de restregarse los ojos, sin dar crédito a lo que veía...¡sí!...era él...EL...el mismo que acababa de dejar desplomado sobre la cama de su casa allí, sobre el mostrador de la chozna apurando hasta la última gota un brebaje de circunstancias.
Guillermo sintió que se ahogaba en un mar de dudas. ¿Realmente lo había llevado a su casa? ¿A ese? ¿Y si no era a ese, a quién?
Guillermo esa noche era un hombre ya viejo y cansado, con la cabeza vapuleada, resignadamente entregado al devenir traicionero de unos acontecimientos tan reales como imprevisibles.

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