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CLUB DE POETAS

REVORTOSA

REVORTOSA NAVÉGAME

Navégame esta noche enamorado:
iza velas y zarpa en tu navío;
suelta el timón y, rumbo a su albedrío,
déjate discurrir por mi costado.

Zozobra por mi mar alborotado
hasta encallar tu cuerpo junto al mío,
y tira el ancla si un escalofrío
surca las olas de mi amor mojado.

Yo haré de faro de los anchos mares,
alisaré la arena de la playa,
y abrazaré tu cuello florecida;

luego hundiré tu barco y mis pesares,
y de tu amor, para que no se vaya,
amarraré los cabos con mi vida.

SONETO PARA TI

A ti, que apareciste como un cuento
lleno de magia , lleno de ternura,
y te colaste por la comisura
del ancho muro de mi sentimiento.

A ti, por compartir cada momento,
sea de amor, de rabia o de locura;
por ser el fuego de mi calentura
y ser la estrella de mi firmamento.

Por ser mi defensor sin condiciones,
por ser el agua de mi abrevadero,
y ser la paz de mis contradicciones;

Por ser un sueño y ser tan verdadero,
por ser el mago de mis ilusiones;
a ti por todo y más porque te quiero.


A TI

A ti, por ser mi pan, mi panadero,
el dulce que apacigua mi amargura,
la fruta fresca del amor primero.

Mi folio blanco, verso y escritura,
por ser la inspiración que me sorprende,
luciérnaga de mi palabra oscura.

Por ser tu voz el tránsito de un duende,
tu corazón un corzo malherido,
y ser tu mano la que me comprende.

Por darme todo en cuanto lo has tenido,
y no negarme nada ni un momento
ni pedir más de lo que te he ofrecido.

Por desprender lavanda de tu aliento
y oler tu cuerpo a tierra y a tomillo
yo te tomé prestado hasta el acento.

Por ser un hombre sólido y sencillo,
y ser el campo de mi mariposa;
por no saber de qué me maravillo:
no encuentro las espinas de tu rosa.

YA NO ME FÍO

No me fío de ti, ya no me fío
de tu limpia sonrisa de verano,
de tu conocimiento meridiano,
ni de tu corazón grande y bravío.

Ya no encuentro en tu porte señorío,
ni tolero tu trato cotidiano,
ya no quiero caricias de tu mano
ni palabras de amor. Ya no eres mío.

Mío era el hombre que, inocentemente,
cantaba una canción, me daba un beso,
me entregaba su amor y su simiente.

Pero de todo aquello no ha quedado
nada, ni por mi parte, te confieso,
que lo bueno de ti se me ha olvidado.
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