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CLUB DE POETAS

HERMINIA D. IBACETA


Llegaste diferente

Llegaste, amor, a despertarme. Ajena
caracola dormía al son del viento.
Como un susurro, amor, así te siento,
tibio beso de luz sobre la arena.
Rozas mi piel, te adueñas de la escena,
tu tañido azulea el pensamiento,
arropada en las ondas de tu acento
voy como nota inmaculada y plena.
Entre vítores tirsos y nelumbos
llegaste a mí, rotundo, diferente,
gigante colosal barriendo huellas,
ensayando horizontes a mi frente.
Llegaste, amor, cambiándole los rumbos
al campo sideral de mis estrellas.


MUERTE

Llegarás a los planos de lo inerte
polvo sin luz, materia consumada.
En las alas informes de la nada
volarás las llanuras de la muerte.
Riquezas ni poder han de valerte.
Al umbral de la última morada
desnudo llegarás, arca sellada
los dones que una vez te dio la suerte.
Coro de bronce cantará tu duelo,
lecho y almohada te dará la tierra.
Las tinieblas espacio para el vuelo.
Y un último tributo pondrá el hombre
sobre la piedra que tu cuerpo encierra.
En indelebles trazos, fecha y nombre.


RÉQUIEM POR ALFONSINA

Era una tarde amarilla...
el mar, azulado espejo,
apenas copió el reflejo
del sol en postrera silla.
Te enlazaron en su quilla
silencios y soledades,
viste pasar las edades
rebelde al propio destino;
te fuiste por el camino
de inhóspitas oquedades.
El mar te abrió su regazo
versificando la espuma,
rítmicamente la bruma
te ciñó en místico abrazo.
Tu esíritu rompió el lazo
que encadenaba la vida.
Con la corola encendida
tu piel besó los torrentes
y reposaste en sus fuentes
como una ninfa dormida.
Ató la noche sus istmos...
al ritmo de la marea
entre corales te crea
senda desde los abismos.
Matinales espejismos
te envolvieron en su manto,
y entre conchas de amaranto
guardó la arena celosa,
en el perfil de una rosa,
libres, tu cuerpo y tu canto.


JESUCRISTO
DEL LIBRO "EN POS DEL RUMBO"

I
La mariposa del atardecer
sus alas tiende sobre los olivos,
queman los cirios sus reflejos vivos
velando al ángel del amanecer.
Entre sombras, sin trono, ni poder,
el Hombre-Dios libera los cautivos
sentimientos, que en dardos punitivos
rasgaban lo más íntimo del ser.
A pocos pasos, inmutable, ajena,
enroscando sus sueños en la arena
dormita la materia en derredor.

¡Levantad la conciencia de la arcilla!
¡Despertad!, que ya siento en la mejilla
el aliento del beso acusador.

II
El premio a la traición, treinta denarios,
el precio del amor, la propia vida.
Por la senda de abrojos revestida
se desangran sus pasos milenarios.
De Judea, en los mudos escenarios,
la imagen del dolor cayó rendida,
al restallar sobre su carne herida
el flagelo infernal de los sicarios.
Ladraron los mastines de la angustia,
se repite su faz, lírica y mustia,
en las albas mareas de un pañuelo.
Y en los ríos de luz de su mirada
la humanidad entera reflejada
aún no cesa de cantar el duelo.

III
Leños cruzados sobre el infinito
en su mudez al Universo ataron;
sobre el desierto, en tormentoso rito,
el rostro de la muerte proyectaron.
Los ocres tintes de aquel sol marchito
la carne desgajada iluminaron,
se rompe el tiempo, en acerado grito
los ecos del espíritu quebraron.
Clavos, espinas, lacerante daga
sendas le abrieron, y su piel enciende
una rosa de luz en cada llaga.
Se entrega de la bestia a los resabios
y por amor la muerte, a cambio, prende
el salmo del perdón entre los labios.

IV
A sus plantas, el Orbe estremecido,
giró al golpe del rayo fulminante.
De la tarde, el inánime semblante,
se agostó como un lirio fallecido.
Se encrespó la marea del olvido;
la soledad, campana delirante,
tañó su pena, y el silencio errante
en las entrañas se palpó el latido.
¡Oh Jesucristo!, la conciencia inerte
de un pueblo entero te clavó en la sombra
infinita y austera de la cruz.
Y ese pueblo que gime y que te nombra,
te reclama, triunfante de la muerte,
desde la sombra convertido en luz.

DESPIERTA LIBERTAD
DEL LIBRO "EN POS DEL RUMBO"

Promesa de libertad,
deuda que jamás se salda,
colgadas llevo a la espalda
tu tardanza y mi ansiedad.
Sombra que en la oscuridad
izas velas y te alejas,
a la deriva, mis quejas
hundes en ciegas mareas
y victoriosa recreas
el dominio de las rejas.
El tiempo muerde las horas…
En su ajeno decursar
se pierden en el andar
las noches y las auroras.
Sol que generoso doras
de otras playas las arenas,
en los ríos de mis venas
se quebraron tus reflejos
y en azulados espejos
marchitan mis azucenas.
Tengo las arcas vacías
de tu pan y de tu vino
y vacío está el camino
de estrellas y de utopías.
¿Por qué osada desafías
mi suerte de hambre y de sed?
¿Por qué en intrincada red
de olvidos me has enterrado
y como el Cristo clavado
me desangro en la pared?
Despiértate, libertad,
salta del sueño, navega,
ante mis costas despliega
el rostro de la equidad.
Te espero en la soledad
vistiendo de sol y brisa
sobre esta roca mambisa
tallada a golpes de fuego.
¡Concédeme al fin el riego
vertical de tu sonrisa!


Y VOLVÍ A VERTE…
Del libro "En Pos del Rumbo"

Y volví a verte…
Doncella entre las doncellas,
desde lo alto y a solas
sobre el manto de las olas
perseguida de mis huellas.
Una estampida de estrellas
en las crestas centelleaba,
sentí que se me escapaba
del pecho el ave al volar,
ríos de sal apagar
la luz con que te miraba.
En un viaje de perfiles
te galopeé por la arena
al anca de aquella pena
hincada de espuelas miles.
Mis venas, torvos reptiles,
distorsionadas serpearon,
al tiempo que se encontraron
clavé sobre el mismo leño
la realidad y aquel sueño
que los años no borraron.
Noches huérfanas de aurora
poblaron mis horizontes,
perpetua fuga de montes
que el pincel del sol colora.
Tu suelo do angustia mora
abrió pétalo encendido,
quise arropar el latido
de tu pueblo en mi regazo,
aprisionando en mi abrazo
sólo un grito compartido.
Las brumas en el celaje,
la distancia mediadora
te marchitaron, Señora,
los signos en el paisaje.
Yo te vestí con mi traje
de palma recién parida,
en una lágrima herida
monté tu imagen y luego
me fui, consumiendo el fuego
de mi propia despedida.
Hoy sigo mi paso errante
ensueños sin ley ni brida,
en el alma la mordida,
en el costado tu cante.
No importa quien se levante
a ensombrecer mi quimera,
yo he de ver la primavera
desde el gemir de mi invierno,
distancia , ni tiempo eterno
podrán rendir mi bandera.

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