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MI CASA de Brígido Redondo

MI CASA  de Brígido Redondo

Yo soy como mi casa: Siempre abierta
al sol, al viento, al gozo y al amigo,
al aguador, al perro y al mendigo
y al piadoso dador de mano cierta.

Nada dejo cerrado... ni postigo,
ni reja, ni rendija, portón, puerta
a la verdad que en la alegría invierta,
bienvenida de pan, agua y abrigo.

Mas, al igual que con la fosa pasa,
siempre quedo cerrado a la perfidia,
al odio, a la calumnia y a la insidia;

al rastrero y traidor de abulia crasa
que carcomen las miasmas de la envidia...
Está todo cerrado... Yo y mi casa.
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POEMAS DE XAVIER VILLAURRUTIA (1903-1950)

POEMAS DE XAVIER VILLAURRUTIA  (1903-1950)

NOCTURNO MAR

Ni tu silencio, duro cristal de roca,
ni el frío de la mano queme tiendes,
ni tus palabras secas, sin tiempo ni color,
ni mi nombre, ni siquiera mi nombre
que dictas como cifra desnuda de sentido;

ni la herida profunda, ni la sangre
que mana de sus labios, palpitante,
ni la distancia cada vez más fría
sábana nieve de hospital invierno
tendida entre los dos como la duda;

nada, nada podrá ser más amargo
que el mar que llevo dentro, solo y ciego,
el mar antiguo Edipo que me recorre a tientas
desde todos los siglos,
cuando mi sangre aún no era mi sangre,
cuando mi piel crecía en la piel de otro cuerpo,
cuando alguien respiraba por mí que aún no nacía.

El mar que sube mudo hasta mis labios,
el mar que me satura
con el mortal veneno que no mata
pues prolonga la vida y duele más que el dolor.
El mar que hace un trabajo lento y lento
forjando en la caverna de mi pecho
el puño airado de mi corazón.

Mar sin viento ni cielo,
sin olas, desorientado,
nocturno mar sin espuma en los labios,
nocturno mar sin cólera, conforme
con lamer las paredes que lo mantienen preso
y esclavo que no rompe sus riberas
y ciego que no busca la luz que le robaron
y amante que no quiere sino su desamor.

Mar que arrastra despojos silenciosos,
olvidos olvidados y deseos,
sílabas de recuerdos y rencores,
ahogados sueños de recién nacidos,
perfiles y perfumes mutilados,
fibras de luz y náufragos cabellos.

Nocturno mar amargo
que circula en estrechos corredores
de corales arterias y raíces
y venas medusas capilares.

Mar que teje en la sombra su tejido flotante,
con azules agujas ensartadas
con hilos y nervios y tensos cordones.

Nocturno mar amargo
que humedece mi lengua con su lenta saliva,
que hace crecer mis uñas con la fuerza
de su marca oscura.

Mi oreja sigue su rumor secreto,
oigo crecer sus rocas y sus plantas
que alargan más y más sus labios dedos.


DÉCIMA MUERTE

¡Qué prueba de la existencia
habrá mayor que la suerte
de estar viviendo sin verte
y muriendo en tu presencia!
Esta lúcida conciencia
de amar a lo nunca visto
y de esperar lo imprevisto;
este caer sin llegar
es la angustia de pensar
que puesto que muero existo.

Si en todas partes estás,
en el agua y en la tierra,
en el aire que me encierra
y en el incendio voraz;
y si a todas partes vas
conmigo en el pensamiento,
en el soplo de mi aliento
y en mi sangre confundida
¿no serás, Muerte, en mi vida,
agua, fuego, polvo y viento?

Si tienes manos, que sean
de un tacto sutil y blando
apenas sensible cuando
anestesiado me crean;
y que tus ojos me vean
sin mirarme, de tal suerte
que nada me desconcierte
ni tu vista ni tu roce,
para no sentir un goce
ni un dolor contigo, Muerte.

Por caminos ignorados,
por hendiduras secretas,
por las misteriosas vetas
de troncos recién cortados
te ven mis ojos cerrados
entrar en mi alcoba oscura
a convertir mi envoltura
opaca, febril, cambiante,
luminosa, eterna y pura,
en materia de diamante.

No duermo para que al verte
llegar lenta y apagada,
para que al oír pausada
tu voz que silencios vierte,
para que al tocar la nada
que envuelve tu cuerpo yerto,
para que a tu olor desierto
pueda, sin sombra de sueño,
saber quede ti me adueño,
sentir que muero despierto.

La aguja del instantero
recorrerá su cuadrante,
todo cabrá en un instante
del espacio verdadero
que, ancho, profundo y señero,
será clásico a tu paso
de modo que el tiempo cierto
prolongará nuestro abrazo
y será posible acaso,
vivir después de haber muerto.

En el roce, en el contacto,
en la inefable delicia
de la suprema caricia
que desemboca en el acto,
hay el misterioso pacto
del espasmo delirante
en que un cielo alucinante
y un infierno de agonía
se funden cuando eres mía
y soy tuyo en un instante.

Hasta en la ausencia estás viva:
porque te encuentro en el hueco
de una forma y en el eco
de una nota fugitiva;
porque en mi propia saliva
fundes tu sabor sombrío,
y a cambio de lo que es mío
me dejas sólo el temor
de hallar hasta en el sabor
la presencia del vacío.

Si te llevo en mí prendida
y te acaricio y escondo;
si te alimento en el fondo
de mi más secreta herida;
si mi muerte te da vida
y goce mi frenesí
¡qué será, Muerte, de ti
cuando al salir yo del mundo,
deshecho el nudo profundo,
tengas que salir de mí?

En vano amenazas, Muerte,
cerrar la boca a mi herida
y poner fin a mi vida
con una palabra inerte.
¡Qué puedo pensar al verte,
si en mi angustia verdadera
tuve que violar la espera;
si en la vista de tu tardanza
para llenar mi esperanza
no hay hora en que yo no muera!

La poesía de ELSA LÓPEZ

La poesía de ELSA LÓPEZ


Te he querido, tu bien lo sabes.
Te he querido y te quiero
a pesar de ese hilo de luto que me hilvana
al filo de la tarde.
Y tengo miedo.
De la lluvia, del pájaro de nubes,
del silencio que llevo conmigo a todas partes.
Tengo miedo a la noche,
a quedarme encerrada entre alambres del sueño,
a la palabra olvido
y a tus brazos en forma de barrotes dorados.

Miedo a recorrer la casa y saberla vacía,
o a quererte, de nuevo, mucho mejor que antes.
No me abandones en esta larga ausencia.
Recuerda lo que he sido para ti otros inviernos:
el tiempo de querernos indefinidamente,
el mar,
los barcos que llegaban sin muertos a la orilla,
el ruido de las olas al fondo de la casa.
Y el viento,
recuerda el viento, amor, doblando las esquinas.
1982


Tú tienes la costumbre de los ríos:
pasar por las riberas sin mojarte,

formar algún remanso en el camino
y luego hacerte bulla, catarata,
arrasar con las plantas de la orilla
y arrojarte de golpe en los océanos.

Tú tienes la costumbre de los peces:
deslizarte muy suave entre mis muslos
y quedarte parásito en mi origen
cubriéndome de escamas la cintura
para luego afiliarte a la albacora
y tomar otro rumbo sobre el agua.

Tú tienes la costumbre de las aves:
volar por los aleros de mi casa,
desmigajar el pan que me alimenta
y hacer nidos de caña en mi regazo
para luego alejarte en desbandada
dejándome la miel entre los dientes.
1995


Perdona si algún día invado tu presencia
y quedo clausurada sobre tus dos rodillas.

Perdona si declaro tu destierro de aljibe,
si me bebo la luna que duerme en tus ojeras,
si entretengo tus horas de soñador furtivo
y me pongo pesada al contarte mis cuentos.
Perdona si soy alta, mimosa, insumergible.
Si me duelen las cosas que dices a diario,
si no te miro a veces cuando vas a buscarme
o mis ojos se cuelan por tus vértices negros.
Perdona si comparto contigo mis asombros
y habitamos felices en un mismo planeta
del cual sólo se saben tus pasos y los míos.
Perdona si algún día persigo tus cometas
por el sol y las tapias de recoletos sur.
Perdona si estoy triste
y me atrevo a pedirte las señas de tu cuerpo
precisamente hoy,
unas horas más tarde de acabar el invierno.
1995


No llores, amor mío,
no se nublen tus ojos,
que voy a andar ligera a tus pies enredada
y no podrás seguirme cuando llegue a tu pecho.
Aguárdame en la sombra al final de los árboles.
Extenderé las alas y volaré hacia ti.
Penetraré lo oscuro,
reclamaré del bosque la humedad de tu tronco
y ya no habrá enemigos pendientes de tu espalda.
Tienes que estar atento,
que cuando emprenda el vuelo tendremos el instante,
el fulgor de las alas,
y luego vendrá el vértigo del amor más brutal.
Vendrá un crujir de plumas,
la sangre, como almíbar,
y el grito, ya inhumano,
de la muerte más dulce que hayas imaginado.
1995


Ya nunca volveremos al viejo paraíso donde nace la lluvia,
donde huelen a alfalfa cortinas y manteles.

Ya nunca volveremos a medir la distancia
que queda entre las ramas del drago florecido.
Ni a remover la tierra,
ni a regar los maizales,
ni a pintar las ventanas,
ni a recoger el agua en cubos transparentes.

Ya nunca vendrá el frío
a llenarnos el pozo de zarzamora verde.
Ni volverá tu boca a dejar en la mía el sabor de la almendra.
Cuando voy por las calles, solitaria y ausente,
voy pensando en tu cuerpo.
Te llevo entrelazado por todas las cinturas
que acometo desiertas.
Tú estás en las aceras,
en las piedras del suelo,
en esos soportales que aúllan tus abrazos,
en la melancolía de mujeres sin rumbo
que perdieron el grito y la memoria nuestra.
Y yo sé que eres mío
por encima de ritos y vagas ceremonias.
Lo sé porque te amo y tú me lo has oído.
Y yo sé que te amo
porque mis brazos duelen al recordar los tuyos

y el espacio que ocupo se vuelve oscuro y frío
cuando escondes tus ojos por detrás de los míos,
y una vez que me has visto crecer y duplicarme
me hieres y abandonas delante de las otras.
1992


Me besabas los ojos con tus ojos.
Con tus ojos mi vientre y tu ternura
se engarzaban felices en el arco lunar de tu alegría.
Y en ese resplandor de los atardeceres
me ofrecías el milagro de renacer por ellos.
Dorada la sonrisa y el amor que me dabas,
podía descubrirte,
regresarte,
hacerte mío,
a través de una mesa de fibra aguamarina.
1993


Aladas

Yo no soy esa muchacha
de pelo ensortijado y cintas en el pelo
que baila para ti en los antiguos salones del Coimbra.
Yo no soy esa otra que se desliza suavemente
por las gastadas alfombras del viejo comedor
                     -los brazos en alto como nubes o pájaros-
tarareando canciones que te dejan partido el corazón..
No te engañes, mi amor,
no confundas mi voz y mis canciones
con el tono ligero de las suyas.
Resucítame y créceme, amado, no te escondas.
Emerge de la lluvia, del mar, de las cenizas.
Resurge en llamaradas.
Que el brillo de tu rostro no lo empañe la noche
ni el llanto de mis ojos.
Acaricia mis hombros
con la suave ternura de otros tiempos
                      -la misma que utilizas con ella-
y di que aún soy hermosa
y que mi pelo brilla como si fueran alas.

No me hagas la muerte más difícil.

2002

BREVES NOTAS BIOGRÁFICAS:

Poeta, prosista y novelista española nacida en Santa Isabel de Fernando Poó, Guinea Ecuatorial, en 1943.
Doctora en Filosofía Pura, Antropóloga y Catedrática de Filosofía, ha ejercido la docencia desde 1965. Ha sido Presidenta de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid, organizadora y miembro del grupo poético literario La Ortiga, fundadora y directora de Ediciones La Palma en Madrid y organizadora y coordinadora para el Gobierno de Canarias de los proyectos
El Papel de Canarias y  Memoria de las Islas. Actualmente es directora de la Fundación Antonio Gala.
Su producción poética se inició con el poemario «El viento y las adelfas» en 1973, al que siguieron «Inevitable Océano» en 1982, «Penumbra» en 1985, «Del amor imperfecto» Premio Internacional de Poesía “Ciudad de Melilla” en 1987,  «La Fajana Oscura», Premio Internacional de Poesía “Rosa de Damasco” en 1989,  «Cementerio de elefantes» en 1992, «Al final del agua» en 1993, «Tránsito» en 1995,  «Mar de amores» XII Premio Nacional de Poesía “José Hierro” en 2002 y finalmente «Quince poemas de amor adolescente» en 2003.
Ha obtenido otros galardones como investigadora y guionista de cine y parte de su obra ha sido traducida al francés, italiano, inglés y árabe.

Angeles Mora

Angeles Mora

AQUEL CALOR
Si esta noche la sombra
cayó sobre la sombra,
y el silencio su sello puso
sobre labios ya mudos,
qué puede sorprenderte.

Si aquel calor es una historia antigua
y sus cenizas las esparce el viento.

Qué puede sorprenderte,
si ya tanto llovió sobre mojado.

De "Pensando que el camino iba derecho" 1982


CASABLANCA

As time goes by...

Entre todos los bares de este mundo
he venido a este bar para encontrarte,
furtiva como siempre,
para rozar la piel de tus esquinas.

Y cómo me hace daño tu cansancio
-ya sabes que mañana es cada lunes-
esa vieja, tristísima, memoria
de buscarle sentido a algo que bulle
como se abre una flor,
así, de golpe.

Manías de la ausencia y tus nostalgias.
Te noto tan cansado...
Quiero dormir contigo. Busca sólo
un poco más de sueño y de tabaco.
Quiero morir contigo.
¿Por qué no me prometes un cumpleaños más?
Las arrugas ahí sí que son cosas serias
o el paso de los días,
con mis pechos que bajan a acariciar tus manos.
Y luego cuando un labio nos elude
en la piel de las ingles, ay, no muerdas,
y nos brinca por dentro...
Pero ahora llega el tren
como un viejo caballo del National
qué diestro en los obstáculos,
qué sucia su taberna,
qué mediodía oscuro al despedirte.
Te veo tan delgado
con tus causas perdidas,
tus canas en la llama de la copa,
mi amargo luchador, .
sonriendo lentamente, como si te murieras.

Como al decirme adiós.

De "La canción del olvido" 1985

ELEGÍA Y POSTAL

No es fácil cambiar de casa,
de costumbres, de amigos,
de lunes, de balcón.
Pequeños ritos que nos fueron
haciendo como somos, nuestra vieja
taberna, cerveza
para dos.
Hay cosas que no arrastra el equipaje:
el cielo que levanta una persiana,
el olor a tabaco de un deseo,
los caminos trillados de nuestro corazón.
No es fácil deshacer las maletas un día
en otra lluvia,
cambiar sin más de luna,
de niebla, de periódico, de voces,
de ascensor.
Y salir a una calle que nunca has presentido,
con otros gorriones que ya
no te preguntan, otros gatos
que no saben tu nombre, otros besos
que no te ven venir.
No, no es fácil cambiar ahora de llaves.

Y mucho menos fácil,
ya sabes,
cambiar de amor.

De "Elegía y postales" 1994

LA CHICA DE LA MALETA

Esta fría mañana tan cerca de diciembre
no tomé el desayuno, no he leído el periódico,
no me metí en la ducha después de la gimnasia
(esta oscura mañana no quise hacer gimnasia)
no subí la persiana para asomarme al cielo
ni he mirado en la agenda las promesas del día.
Esta dura mañana con su duro castigo
he roto algunas cosas que mucho me quisieron
y salvé algunas otras porque duele mirarlas.
Me estoy haciendo daño esta mañana fría,
quisiera destruirme sin salir de la cama
o encontrar la manera de dormir un momento.

Cuando menos lo esperas, suele decir la gente,
la sorpresa aparece con sus dientes de anís.
Cuando menos lo esperas, si te fijas un poco,
verás que el aire lleva gaviotas y mensajes...
mas ya no van conmigo esos viejos asuntos.
El aire arrastra lluvias y tristezas heridas
y yo no quiero verlo cruzar como un bandido
tan guapo y tan azules sus ojos venenosos.

Esta fría mañana tan cerca de diciembre
cuando rozan los árboles de puntillas las nubes
junto a tanta miseria, tan helada ternura,
yo dejo mi impotencia, mi personal naufragio
entre estos blancos pliegues olvidado...
Aunque mi cuerpo caiga doblemente desnudo
en ese traje roto que luego es un poema.
Aunque otro sueño baje su luz por la almohada
y ya no te despierte mi voz en el jardín.

De "La guerra de los treinta años" 1989

LOS DESASTRES DE LA GUERRA
Escrito está en mi alma vuestro gesto
Garcilaso

Ya no tengo virtudes públicas.
No me quedan vicios privados.
Sólo en mi corazón se agravan
las lesiones...
me dijiste riendo,
yo no sé si llorando.

Y aquí vine a escribirlo en mi cuaderno.

De "La guerra de los treinta años" 1989

SE PIANGE, SE RIDI

Te diré que no supe si reír o llorar
después de todo
pero estaba feliz,
demasiado feliz, sospecho ahora.
Recuerdo que me hablaste
de que empezaba a amanecer,
el cielo parecía algodón sucio.
Lo más inolvidable será siempre
el aire fresco y dulce que crecía,
igual que una caricia, entre dos luces.
Yo estaba sola
y tú quisiste ser mi amigo:
que esto no rompa la amistad, dijimos.

Pero fue hermoso más que un sueño,
mucho más inquietante que un puente entre la bruma
y aquel coche sin duda más maravilloso
que un bosque de la Alhambra
y tu corazón más hondo y más extenso
que el manto de la aurora
cuando llorando me asomé al balcón
de tus ojos.

Por eso ahora escuece la distancia
como ella sola y el deseo -cruel-
asoma cada minuto
-con el peligro que eso entraña
para una sencilla amistad-
ahora no puedo menos que aceptar
lo que fue un verdadero error de cálculo:
esta suave tristeza insoportable
con la que no contábamos.

De "Cámara subjetiva" 1996

La lírica espontánea y preciosista de MIRTA AGUIRRE

La lírica espontánea y preciosista de MIRTA AGUIRRE

SONETO

Vida de la vida mía,
¿a quién contaré mis quexas,
si a ti no?
Marqués de Astorga

Muero de ti, de amor en desventura,
de mal pagado amor que en ti se obstina.
Muero de ver mi vida que declina
en desolado invierno y red oscura.
Muero de un mal que muerte me asegura:
de traspasado corazón y espina.
Y a ti, al morir, la muerte me encamina,
aunque sean tuyos dardo y amargura.
¿A quién acudiré, si a ti no acudo?
¿A quién irá mi amor por ti, desnudo,
a confesar la pena que me mata?
Del mal que hacia la muerte me arrebata,
de ese morir a solas, sin consuelo,
si no me duelo a ti, di, ¿a quién me duelo?
(Tomado de Ayer de hoy, pp. 272-273, UNEAC, La Habana, 1980)

Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.
Yo me acostumbro a estar sin ti. ¿Lo entiendes?
Quiere decir, amor, que no amanece;
quiere decir que aprendo a abrir los ojos sin tu beso.
quiere decir que olvido, amor, que yo te olvido.

Como un morirse lento, implacable, a pedazos,
yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.
Y acostumbrarse es una cosa oscura,
es una cosa eterna, sin caminos,
como un caer, caer en el vacío.

Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.

Y un día y otro pasan.
Y un día triste no es día sino un cortejo inmenso.
Y dos días de tristeza ya no pueden decirse.
Y acostumbrarse es una palabra irremediable
que ojalá nunca sepas.

Una criatura tiene su tamaño,
tiene su borde estrecho, su medida.
Y ha de haber para todos la pequeña alegría,
esa mínima dicha que es un derecho humano.
Ser feliz, amor mío, es como el aire, el agua,
algo para la vida.

Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.

Lejos, tu mano corta el pan para otra boca.
Lejos, suenan tus pasos y como yo sé que suenan.
Lejos, amor, muy lejos.
Y allí, donde mi angustia está sin ecos,
tú sonríes, tú eres,
y no sabes, amor, con cuánta sangre,
con qué amarga paciencia,
con cuánta fuerza para ahogar, yo olvido,
yo deshago mi sueño
y me acostumbro, amor, y me acostumbro.

POEMA DE LA VERDAD PROFUNDA

Tú no entiendes, amigo, tú no entiendes.
Deja que te lo explique, no en palabras
-que con palabras no se entiende a nadie-
sino a mi modo oscuro, que es el claro.
Así oscura y claramente
lo siento yo:
A mí no me perturba la Rosa de los Vientos.
Bello es el Sur, pero también el Norte
tiene belleza.
Para mi casa en noche está la luna
y con mi vida puedo henchir la tierra
cuando la tierra es árida.
Sé vivir en el viento y en la nube
y beber el agua sobre las hojas.
-No siempre se ha de estar alto, como Aldebarán...-
Hay que saber doblarse sin partirse.
Saber leer, y luego
saber romper la copa.
La ciudad puede, alguna vez, ser selva.
¿Qué importa así o de otro modo?
Bebiendo sol y salitre en alto mástil de barco
o en presidio...
Me da igual.
Donde quiera estoy yo. A salvo.
(Tomado de Presencia interior; poemas, pp. 41, /s.e/, La Habana, 1938)


TODO PUEDE VENIR

Todo puede venir por los caminos
que apenas sospechamos.
Todo puede venir de dentro, sin palabras
o desde fuera, ardiendo
y romperse en nosotros, inesperadamente,
o crecer, como crecen ciertas dichas,
sin que nadie lo escuche.
Y todo puede un día abrirse en nuestras manos
con risueña sorpresa
o con sorpresa amarga, desarmada, desnuda,
con lo triste de quien se ve de pronto
cara a cara a un espejo y no se reconoce
y se mira los ojos y los dedos
y busca su risa inútilmente.
Y es así. Todo puede llegar de la manera
más increíblemente avizorada,
más raramente lejos
y no llegar llegando y no marcharse
cuando ha quedado atrás y se ha perdido.
Y hay, para ese encuentro que guardar amapolas,
un poco de piel dulce, de durazno o de niño,
limpia para el saludo.
(Tomado de Presencia interior; poemas, pp.47, /s.e/, La Habana, 1938)

SONETO DE MAÑANA

Yo no tendré ya voz y sí una oscura
sonrisa-luz sobre mi gris reciente.
Cáliz de rosa desleída. Ardiente
repaso de sonrisa en sombra pura.
Meridiano solar de alba en procura
de pleno sol. Simiente de simiente
con raíz escondida en tierra y frente
a la brisa y al fuego en hendidura.
Ola de arena y cal y espuma de ola,
siendo, sin ser, mejor aún que si fuera,
viviendo en humus y en dispersa nada,
en aire y luz y plata y amapola,
de clorofila y mineral viajera,
renuevo intacto, vida libertada.
(Tomado de Ayer de hoy, p. 220, UNEAC, La Habana, 1980)


NOTAS BIOGRÁFICAS EXTRAIDAS DE http://www.cubaliteraria.com/

Mirta Aguirre nace el 18 de octubre de 1912 en la Habana. Allí cursa sus estudios de bachilerato, y en 1928 participa en la fundación de la Alianza Femenina de Cuba, que posteriormente se convertirá en la Unión Radical de Mujeres, ligada al Partido Comunista. En 1931 se incorpora a la Liga juvenil comunista y en 1932 ingresa en el Partido Comunista de cuba. Tras una estancia de tres años en Méjico regresa a Cuba en 1936 comenzando a trabajar en la Secretaría General de la República hasta 1942.

En 1938 publica su primer libro de poemas: Presencia interior.
En 1941 se gradúa en Derecho Civil.

En años posteriores participa activamente en organizaciones políticas próximas al régimen, y colabora con publicaciones cubanas como Mediodía, Mujeres Cubanas, Fundamentos, Cuba Socialista, Bohemia y otras.
En 1946 obtiene el premio periodístico nacional “Justo de Lara, y en 1947 el primer premio en los Juegos Florales Iberoamericanos por su ensayo “Influencia de la mujer en Iberoamérica”

En 1959 Es designada Asesora de Literatura y Publicaciones del Instituto Nacional de Cultura. Organiza y funda, en febrero de 1961, la Escuela Nacional de Instructores de Arte. Pasa a dirigir, una vez fundado el Consejo Nacional de Cultura en 1962, la Comisión Nacional de Teatro y Danza de esa entidad. Participa en la fundación de la UNEAC, y a partir de este momento integra, hasta su muerte, el Comité Nacional de esta organización.

Publica en 1970 su conocido poema "Canción antigua a Che Guevara".

Su ensayo Del encausto a la sangre: Sor Juana Inés de la Cruz gana el concurso "Sor Juana Inés de la Cruz: su vida y su obra" que auspicia la Secretaría de Obras Públicas de México.

Participa, junto con otros escritores y especialistas del MINED, en la selección y elaboración de los textos de lectura de primero a sexto grados de la Enseñanza primaria, en los que se incluyen numerosos poemas suyos.
Dicta conferencias en prestigiosas universidades extranjeras; participa en el II Congreso de la UNEAC en el que se discute el Proyecto de Ponencia Ideológica por ella redactado y es nombrada Vicepresidenta de la Sección de Arte y Literatura del Consejo Editorial del Ministerio de Cultura.

1980: Publica su libro Ayer de hoy, recopilación de sus mejores ensayos y artículos, así como poemas inéditos. Fallece el 8 de agosto de ese año

Poemas de la poeta colombiana Meira Delmar

Poemas de la poeta colombiana Meira Delmar

Canción Lejana

Y yo también como la tarde
toda me tornaré dichosa
para quererte y esperarte.
Iluminada de tus ojos
vendrá la luna,
vendrá la luna por el aire.

Tú me querrás inmensamente.
Mi corazón será infinito
para la angustia de tu frente.
Yo te daré los sueños míos:
amor, dolor, sencillamente.

Después será la enamorada sonrisa,
el beso, la memoria llena de ti, maravillada.
Y el gozo azul de estar contigo
fuera del tiempo, sin palabras.

De golondrina en golondrina
nos llegará la primavera
de la mirada pensativa.

Y un mismo cauce de dulzura
tendrán las rosas y los días.
Yo te daré los sueños míos:
amor, dolor, sencillamente.

Soneto en vano
(Del libro Reencuentro)

¿A dónde iré que no me alcance el vuelo
de tu mirada que en azor se muda,
y la noche de sueños me desnuda
con el brillo quemante del desvelo?

¿En qué sitio del aire, el mar, el cielo,
encontrará mi corazón ayuda,
la clara mano que mi mal acuda
y en dulcedumbre me convierta el duelo?

La frente pensativa me rodeas
de lejanas memorias. Me recreas
los rostros del amor enceguecido.

Y es inútil que huya de tu acecho
si te oigo vivir dentro del pecho
con la vida sin muerte del olvido.

Corazón
(Del libro Verdad del sueño)

Este es mi corazón. Mi enamorado
corazón, delirante todavía.
Un ángel en azul de poesía
le tiene para siempre traspasado.

En él, como en un río sosegado,
el cielo es de cristal y melodía.
Y a su dulce comarca llega el día
con un paso de niño iluminado.

Este es mi corazón. La primavera
que inaugura las rosas, vana fuera
sin su espejo de gozo repetido.

Y vano el tiempo del amor, que mueve
las alas de los sueños, y conmueve
la sangre con su canto sostenido

Muerte mía
(Del libro Secreta isla)

La muerte no es quedarme
con las manos ancladas
como barcos inútiles
a mis propias orillas,
ni tener en los ojos,
tras la sombra del párpado
el último paisaje
hundiéndose en sí mismo.

La muerte no es sentirme
fija en la tierra oscura
mientras mueve la noche
su gajo de luceros,
y mueve el mar profundo
las naves y los peces,
y el viento mueve estíos,
otoños, primaveras.

¡Otra cosa es la muerte!

Decir tu nombre una
y otra vez en la niebla
sin que tornes el rostro
a mi rostro, es la muerte.
Y estar de ti lejana
cuando dices "La tarde
vuela sobre las rosas
como un ala de oro".


La muerte es ir borrando
caminos de regreso
y llegar con mis lágrimas
a un país sin nosotros
y es saber qué pregunta
mi corazón en vano
por tu melancolía

Otra cosa es la muerte.

Raíz Antigua
(Del libro Secreta Isla)

No es de ahora este amor.

No es en nosotros
donde empieza a sentirse enamorado
este amor, por amor, que nada espera.
Este vago misterio que nos vuelve
habitantes de niebla entre los otros.
Este desposeído
amor, sin tardes que nos miren juntos
a través de los trigos derramados
como un viento de oro por la tierra;
este extraño
amor,
de frío y llama,
de nieve y sol, que nos tomó la vida,
aleve, sigiloso, a espaldas nuestras,
en tanto que tú y yo, los distraídos,
mirábamos pasar nubes y rosas
en el torrente azul de la mañana.

No es de ahora. No.
De lejos viene
--de un silencio de siglos--,
de un instante
en que tuvimos otro nombre y otra
sangre fugaz nos inundó las venas,
este amor por amor,
este sollozo
donde estamos perdidos en querernos
como en un laberinto iluminado.


Soledad
(Del libro Alba de olvido)

Nada igual a esta dicha
de sentirme tan sola
en mitad de la tarde
y en mitad del trigal;
bajo el cielo de estío,
y en los brazos del viento,
soy una espiga más.

Nada tengo en el alma.
Ni una pena pequeña,
ni un recuerdo lejano
que me hiciera soñar...
Sólo tengo esta dicha
de estar sola en la tarde
¡con la tarde no más!

Un silencio muy largo
va cayendo en el trigo,
porque ya el sol se aleja
y ya el viento se va;
¡quién me diera por siempre
esta dicha indecible
de ser, sola y serena,
un milagro de paz!

Soneto marinero

Digo tu nombre, mar, tu nombre ardido
de soles y de júbilo creciente,
y el corazón enamorado siente
más clara la presencia del latido.

Velero que navega repetido
por los quietos espejos de la frente,
regresa tu paisaje lentamente
como si retornara del olvido.

Y surge tu comarca marinera
con una trashumante primavera
de espumas en la mano de cristal.

Y tu voz de colores, y tu alada
corona de blancura trabajada
en gaviotas y pétalos de sal.


Alabanza del día
(Del libro Verdad del sueño)

Por ti la mariposa en el liviano
paisaje de la brisa detenida.
Y en cada mariposa, repetida,
la danza de colores del verano.

El cielo más azul y más cercano;
más alta la canción y más ardida
la frente de la rosa sostenida
en la palma dorada de tu mano.

Ordenas el azahar, la luz, el vuelo
de la alondra en el alba, y el desvelo
de los ángeles niños del rocío.

El tiempo te rodea, dulcemente.
Y pasas sin pasar, extrañamente,
lo mismo que la música de un río.


Poemas de DIONISIO RIDRUEJO

Poemas de DIONISIO RIDRUEJO

EL IDILIO QUE SÓLO FUE MIRADA

Es, si en olvidos dolorosos entro,
tu voz jamás oída la que grita.
Fuiste eterno después y eterna cita
que no cumplió el minuto del encuentro.

Como órbita turbada por su centro
que en fugas torna y el contacto evita,
con la certeza del amor escrita,
vivías lejos y latías dentro.

Ni caricia ni voz se conocieron,
ni el aire sospechó nuestros amores
que en un tiempo sin horas se durmieron.

Ojos tuvo el amor, siembra sin flores,
y en aquellos sin llanto que me vieron
aún me verán las lágrimas que llores.

VEN A MIS DULCES CAMPOS DE RIBERA

Ven a mis dulces campos de ribera
que suspiran en álamos por verte.
Hacia la brisa que tu aliento vierte
levantará sus hierbas la pradera.

Se cuajará de flor la primavera
que al peso de tu sueño se despierte.
Saldrán de las raíces de la muerte
las alas de la vida que te espera.

Las aguas de la espuma de tu baño
se abrirán como labios, como orillas,
para besar la luz en tu tamaño.

Y ahora que sólo de inminencia brillas,
mira en mi corazón, año tras año,
pleno el mundo y las horas de rodillas.

SERENA TÚ MI SANGRE, CLARA FUENTE

Me está dejando casi sin entrañas
este tremendo amor enarbolado
-¡Oh, páramo de ardores dilatado!-
en que escucho mis voces como extrañas.
Serena tú mi sangre en las cabañas
íntimas de tu ser y tu cuidado,
y guárdame en el aire enamorado
con que a veces mi dolor engañas.
Si mi lumbre te duele, ¡Oh, clara fuente!,
yo borraré los húmedos celajes
que tus párpados prenden tibiamente.
Volveré a tus cielos sus paisajes
clavándote en los ojos hondamente
los mansos huertos de mi ardor salvajes.


MEMORIA

Y resbaló el amor estremecido
por las mudas orillas de tu ausencia.
La noche se hizo cuerpo de tu esencia
y el campo abierto se plegó vencido.

Un ayer de tus labios en mi oído,
una huella sonora, una cadencia,
hizo flor de latidos tu presencia
en el último borde del olvido.

Viniste sobre un aire de amapolas.
Como suspiros estallando rojos,
bajo el ardor de las estrellas plenas,

los labios avanzaron como olas.
Y sumido en el sueño de tus ojos
murió el dolor en las floridas venas.

EL AMOR DESIERTO

Quien le dé un corazón a este minuto
yerto, a este fluir sin armonía,
a esta mi sangre dolorosa y fría,
a este seco dolor sin voz ni luto.
Quien pula aristas al diamante bruto,
quien vuelva al ave su perdida guía,
quien haga soledad y compañía,
voz y silencio al cántico absoluto.
Quien me devuelva todos mis paisajes
y vea, en mis quietudes recogida,
costa anhelada y velo de mis viajes;
Quien la salud me torne con su herida,
quien a mis sueños vista con sus trajes,
¡ansia sin forma! cumplirá mi vida.


ASALTO

Suave y firme tu mano.
No tembló tu corazón; era un instante
de calma y superficie
en tu voz como plata con arena
y en la húmeda pizarra de tus ojos.
Ha sido ahora, ausente,
cuando el tacto recuerda una caricia
y sangre adentro va tu aroma alzando
el oleaje y quema tu piel de oro.
Sufro extrañado en esta mano nueva
con su emoción de almendro,
que late y crea al recordar. La paso
por los objetos de costumbre: el hierro,
la madera, el cristal, la lana -tuyos-
y una descarga eléctrica de rosas
los hace carne viva.


A UNA ESTATUA DE MUJER DESNUDA

Desnuda y vertical, pero ceñida,
la línea de la tierra a la pereza
de una carne que cede, cuando empieza
la perfección del sueño, su medida.

Materia sin amor, pero encendida
por el número fiel de la pureza
donde la fría carne se adereza
sin el gusto del tiempo y de la vida.

¡Oh, dócil a los ojos y apartada
del fuego de la sangre, muda gloria
en éxtasis de tierra levantada!

Antigua juventud fresca y gastada
que aflige la pasión de su memoria
en esta eternidad tan sosegada.


Violeta Luna, mujer y poeta....

Violeta Luna, mujer y poeta....

Si supieras,
si sólo una milésima,
si sólo un pedacito,
un lado de mí misma conocieras
sabrías que estoy hecha de ciruelas,
de almendras y duraznos.
Sabrías que por dentro soy de azúcar, que sólo un dedo tuyo
y un término rosado es suficiente
para que pierda mi alma el equilibrio.
Una mirada sola,
clarísima y brillante,
un simple yo te quiero
podrían encender mi vieja lámpara
y hacer que tras la tarde
se moje de pasión alguna orquídea.
Si supieras
que sólo soy de vientos primitivos,
de aquellos que hacen fuego
y avivan las fogatas campesinas.
Si sólo una milésima,
un lado de mí misma conocieras
sabrías que estoy hecha de aceitunas,
de abejas y geranios,
sabrías que la noche es mi cuaderno
con un redondo verso que es la luna.
Sabrías que por dentro tengo cítaras,
que sólo una caricia
podría convertirme en oleaje,
en lluvia de amapolas y campanas.
Si supieras
que estoy de ti tan llena
que sólo bastaría que te acerques
para nacer de nuevo.
No sabes que soy frágil,
que sólo soy de piel ansiosa y húmeda
que sólo soy mujer,
así sencillamente,
sin rótulos ni farsas, tan sólo soy así:
aquella que te espera contra todo.

CONTRADICTORIAMENTE

I

Si todo puede ser
todo es posible.
Posible que yo menstrue
la tarde en que me anheles con locura.
Posible que haga sol
el día en que mi alma llueve tanto.
Si todo puede ser
todo es posible.
Posible que de pronto
me caiga sobre el cuello el arco iris
o el filo de un machete.
Posible que en el aire
me llegue la fragancia de un durazno
o el acre desperdicio de un difunto.
Y así como es posible
que llore sonriendo
o ría de dolor con estridencia,
podría ser posible tanta náusea
o tanto malestar en la mirada.
Y yo puedo deciros
que todo me hace mal si está mal hecho,
que todo me produce
un vómito de estrellas amarillas.
Que cuanto más comprendo
más náusea me sube a la cabeza.

II

Si todo puede ser
todo es posible.
Posible que me alegre
con tantas aflicciones imprevistas,
posible que me aflija
con tantas alegrías inventadas.
Contradictoriamente
ya nada me resulta transparente.
Podríamos decir que me contagio
de un mal ya sin memoria.
Si todo puede ser
todo es posible.
Posible que hasta el aire hiera tanto.
Posible que haya heridas
que corran y se alarguen como el agua.
Posible que en la tierra
en vez de cereales y hortalizas
empiecen a crecer los niños muertos.

III

Hoy todo me hace mal y me desdigo,
reniego por la vida que se queda
pendiente de una rama en la quebrada.
Reniego por la muerte que pernocta
al centro de adverbio negativo.
Si todo puede ser
todo es posible.
Posible hasta yo mismo con mis letras,
mi náusea, mi herida, mi mentira.
Irremediablemente
por fin puedo deciros
que sólo la verdad es imposible.


CADA UNO

Cada uno construye su casa como quiere.
La pone sobre el aire,
la siembra en la cintura de la luna
o encima de las olas.

Cada uno
la pinta de manera diferente,
la baña con el cielo
y el oro verdidulce de la tarde.
La llena de jilgueros,
de música y hortensias.
Encima del verano la edifica.
Le pone una ventana al horizonte,
una terraza al mar
y un pájaro de bronce en el tejado.

Cada uno
la salva de la furia del invierno,
le pone verjas altas,
faroles importados de Neptuno,
estufas de Chicago
y espejos fabricados en Arabia.

Cada uno la mide y la corrige.
En forma vertical la va agrandando.
Le pone un timbre eléctrico
y un número de plata.

La cuida del mendigo que la ensucia,
del niño que le roba una gardenia,
del pobre que la mira.

Cada uno acomoda su casa a su manera,
presume y aparenta,
construye su existencia tontamente
con trapos, pergaminos y billetes,
con vigas antisísmicas
coñac y pararrayos.

Qué lástima pero ninguno
construye a su medida su refugio
con sólo la verdad de cada día
y el sol bien compartido.
Qué lástima que nadie se haga casas
a prueba de mentiras, olvido y desamor.

Yo quiero hacer mi casa a mi manera
sin puertas ni cortinas.
La quiero dulce y tibia
en medio del camino de tus brazos.

EL PLUMERO

El tiempo del plumero ha sido corto.
Esos tinteros negros
con su papel secante no han durado.
Posiblemente vuelvan
al cabo de otro siglo y otra moda.
Nosotros sin embargo
con esta misma cara y estos sueños
jamás regresaremos.
Tal vez han de volver las viejas cosas:
la tinta verde obscura
.y el uso de las góticas mayúsculas.
Tal vez regrese el trompo,
la piedra de moler o el fresco pozo,
nosotros sin embargo
con nuestro amor de hierba
y nuestras iniciales de mortiño
ya no nos amaremos.
Tan sólo para el hombre
fracasa el reencuentro.
No hay doble itinerario
ni dos adolescencias transparentes.
No hay viajes de regreso
ni la ocasión segunda y oportuna
para decir al menos
perdón, adiós o gracias.

LA HIERBA

Cuántas cosas que pude haberlas dicho
y no las dije.
Cuántas horas que pude disfrutarlas
y no fueron.
Cuántas letras que se quedaron sueltas
sin remedio.
Cuánta vida que pudo ser raíz
y es hoy astilla.
Por conservar las normas de algún juego,
por no poder salirme de las reglas
no pude ser gaviota
ni marinera espuma.
Y apenas me quedé como la hierba:
tenaz y humedecida.


AFUERA DE LA TRAMPA

Dejadme por favor vivir mi vida,
amándola,
mordiéndola,
quitándole el veneno,
limpiándola.
Dejadme que me salve o me condene,
dejadme que vomite,
que sangre,
que sonría,
que cante por el fin de tanta guerra,
que llore por la guerra de los fines.
Dejadme que en silencio
escriba en vuestra culpa una sentencia,
que borre la sentencia de la culpa.
Dejadme que me hunda,
que gima,
que flote en lo intermedio,
que sueñe,
que pueda en una esquina
pisar un alacrán inofensivo.
Dejadme cuantas veces
firmar cada recado sin mi nombre,
dejad que me equivoque,
Dejadme cuantas veces
firmar cada recado sin mi nombre,
dejad que me equivoque,
que llame con maldad al bueno malo.
dejadme simplemente
que cuente por decenas,
qué coma con la izquierda,
que te ame sin remedio.
Dejadme por favor vivir mi vida,
que escape,
que reniegue,
que grite por las lluvias que se enlodan,
que ría por el lodo que se enlluvia.
dejad, pero dejad
afuera de la trampa mi cabeza.

MI CORAZON DETRAS DE TI

Está mi corazón desde hace tiempo
rayado por tu espuela placentera.
Y va mi corazón calladamente
debajo de tu espuela desangrándose.
¡Y quién iba a creerlo!
que yo tuviera adentro un suave fruto
que sangra por el peso de una espuela.
Y dice el diccionario que una espuela
es una espiga larga y acerada
que sirve para hincar a los caballos.
Ahora sí comprendo
por qué mi corazón se ha desbocado.


LOS TIEMPOS JUBILOSOS

1.
Aunque la piel se gaste
yo quiero despertar y hallarte cerca,
contigo amanecer día tras día.
Yo quiero detenerte,
quedarme en tu mirada para siempre.
2.
Y cuando caminemos
y el aire nos divida
o se atraviese el miedo
serán tus ojos únicos
los que me den la mano.
3.
Nos habla esta ciudad
con un idioma de alas y barcos,
esta ciudad de Seatlle
en donde resucitan los recuerdos.
Esta ciudad azul
tiene un costado ardiente
y tiene mil esquinas
en donde se han amado nuestros pasos.
4.
Hoy puedo agradecerte
por esta mariposa de placer,
por esta gota ardiente
que pones en mi piel alucinada,
por esta luz de fresas
que traes en la punta del silencio.
Te doy amor las gracias
por este nuevo vino que me ofreces.


POR CULPA DE LOS NÚMEROS

Por culpa de los números
estuve siempre mal en todo cálculo.
Por no poder usar los logaritmos
la cuenta de mi vida se fue al suelo.
Jamá hallé mi siete
ni pude poner cifras a mis letras.
No supe el porcentaje de mis fraudes.
Tal vez por eso mismo
no tuve nada exacto.
Por no poder restar decimales
me fui llenando de humo,
de vientos y palomas
y nunca pude ser un tres resuelto.
Se me quedó en la nada
mi signo con tu máxima potencia.
Y siempre me rebotan
las gélidas fracciones del olvido.
Por culpa de los números
no me entendieron nunca.
Por culpa de esas plagas
jamás hallé la ruta de la lógica,
jamás un mar tranquilo,
jamás un tiempo eterno.
Por no poder hacer raíz cuadrada
no tuve un edificio de esmeraldas
ni alfombras voladoras.
Me fui quedando pobre,
sin amuletos propios
ni talismanes mágicos.
Por olvidar el álgebra
no pude ser brillante
y apenas me quedaron las gaviotas
y un cráneo lluvioso
en donde hace columpio el arcoiris.
Por culpa de los números
se me cayó la casa de la suerte
y hasta el amor más firme
se fue por la tangente.


BREVES NOTAS BIOGRÁFICAS:

Violeta Luna nació en Ecuador en 1943. Poeta, narradora, crítica literaria y catedrática. Entre otros reconocimientos ha obtenido: Premio «A los mejores cuentos», 1969; Premio Nacional de Poesía «Ismael Pérez Pazmiño», Diario El Universo, Guayaquil, 1970; Premio Nacional «Jorge Carrera Andrade», Municipio del Distrito Metropolitano de Quito, 1994. Libros publicados: Poesía: Poesía universitaria (Quito, 1964); El ventanal del agua (Quito, 1965); Y con el sol me cubro (Quito, 1967); Posiblemente el aire (Quito, 1970); Ayer me llamaba primavera (Quito, 1973); La sortija de la lluvia (Guayaquil, 1980); Corazón acróbata (Quito, 1983); Memorias de humo (Quito, 1987); Las puertas de la hierba (Quito, 1994); Solo una vez la vida (Quito, 2000). Cuento: Los pasos amarillos (Quito, 1970). Ensayo: La lírica ecuatoriana (Guayaquil, 1973). Consta en las antologías: Lírica ecuatoriana contemporánea (Bogotá, 1979); Diez escritoras ecuatorianas y sus cuentos (Guayaquil, 1982); Poesía viva del Ecuador (Quito, 1990); Antología de narradoras ecuatorianas (Quito, 1997); Poesía erótica de mujeres: Antología del Ecuador (Quito, 2001).

JOSÉ HIERRO

JOSÉ HIERRO

VIDA

A Paula Romero

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.
Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!»
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!»
Ahora sé que la nada lo era todo.
y todo era ceniza de la nada.
No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)
Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

De "Cuaderno de Nueva York" 1998


Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.
Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte,
Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.
Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,
la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.
Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.
Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.
Criatura también de alegría quisiera que fueras,
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.
Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas
y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil,
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,
y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde...
Si ahora yo te dijera
que es tu vida esa roca en que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente...
Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?
Y ¿cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?
Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.

ALEGRÍA

LLEGUÉ POR EL DOLOR A LA ALEGRÍA.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso sol amanecía.
Era alegría la mañana fría
y el viento loco y cálido que embiste.
( Alma que verdes primaveras viste
maravillosamente se rompía. )
Así la siento más. Al cielo apunto
y me responde cuando le pregunto
con dolor tras dolor para mi herida.
Y mientras se ilumina mi cabeza
ruego por el que he sido en la tristeza
a las divinidades de la vida.

De "Alegría" 1947

PASEO

Sin ternuras, que entre nosotros
sin ternuras nos entendemos.
Sin hablarnos, que las palabras
nos desaroman el secreto.
¡Tantas cosas nos hemos dicho
cuando no era posible vernos!
¡Tantas cosas vulgares, tantas
cosas prosaicas, tantos ecos
desvanecidos en los años,
en la oscura entraña del tiempo!
Son esas fábulas lejanas
en las que ahora no creemos.
Es octubre. Anochece. Un banco
solitario. Desde él te veo
eternamente joven, mientras
nosotros nos vamos muriendo.
Mil novecientos treinta y ocho.
La Magdalena. Soles. Sueños.
Mil novecientos treinta y nueve,
¡comenzar a vivir de nuevo!
Y luego ya toda la vida.
Y los años que no veremos.
Y esta gente que va a sus casas,
a sus trabajos, a sus sueños.
Y amigos nuestros muy queridos,
que no entrarán en el invierno.
Y todo ahogándonos, borrándonos.
Y todo hiriéndonos, rompiéndonos.
Así te he visto: sin ternuras,
que sin ellas nos entendemos.
Pensando en ti como no eres,
como tan solo yo te veo.
Intermedio prosaico para
soñar una tarde de invierno.

De "Quinta del 42" 1952

ALEGRÍA INTERIOR

EN MÍ LA SIENTO AUNQUE SE ESCONDE. MOJA
mis oscuros caminos interiores.
Quién sabe cuántos mágicos rumores
sobre el sombrío corazón deshoja.

A veces alza en mí su luna roja
o me reclina sobre extrañas flores.
Dicen que ha muerto, que de sus verdores
el árbol de mi vida se despoja.
Sé que no ha muerto, porque vivo. Tomo,
en el oculto reino en que se esconde,
la espiga de su mano verdadera.
Dirán que he muerto, y yo no muero.¿Cómo
podría ser así, decidme, dónde
podría ella reinar si yo muriera?

De "Alegría" 1947

MADRIGAL

Lo más hermoso, aquello
que no puede comprarse,
que vale, frente a un copo de tu espuma,
si se sabe mirar,
frente a una pluma de tormenta, rota
sobre tu orilla, frente
a tus platas y azules,
metales y cristales,
si se los sabe oler, gustar, tocar, oír...
Qué vale nada lo que tú. Rebosa
la eternidad tu vaso,
llueve su vino sobre nuestra carne.
Una concha roída
por los gusanos de tu mar, un poco,
de cal, y bruma, y nácar,
pude hacernos llorar,
ensancha las fronteras
del alma, desmorona
los muros negros de la realidad.
Qué vale nada, todo,
lo que tú, playa mía,
lirio de arena, selva
de círculos de oro,
túnica ardiente, pálida campana,
palacio sumergido,
inolvidable...

De "Cuanto sé de mí" 1957-1959

ALMA DORMIDA

Me tendí sobre la hierba entre los troncos
que hoja a hoja desnudaban su belleza.
Dejé el alma que soñase:
volvería a despertar en primavera.
Nuevamente nace el mundo, nuevamente
naces, alma (estabas muerta).
Yo no sé lo que ha pasado en este tiempo:
tú dormías, esperando ser eterna.
Y por mucho que te cante la alta música
de las nubes, y por mucho que te quieran
explicar las criaturas por qué evocan
aquel tiempo negro y frío, aunque pretendas
hacer tuya tanta vida derramada
(era vida, y tú dormías), ya no llegas
a alcanzar la plenitud de su alegría:
tú dormías cuando todo estaba en vela.
Tierra nuestra, vida nuestra, tiempo nuestro...
(Alma mía, ¡quién te dijo que durmieras!)

De "Agenda" 1991


NOCHE

Salió desnuda el alma
a quemarse en la hoguera.
¡Qué claras dan la sombra
las estrellas!
Se enredaba la noche
azul, entre las piernas.
Ocultas en los chopos
bailaban las doncellas.
¡Qué anunciación, qué víspera
de deshojar las nieblas
de dos en dos. Las brisas
de tres en tres!
Estrellas,
¡Qué claras dan la sombra
las estrellas!

De "Prehistoria literaria" 1936-1944

BREVES NOTAS BIOGRÁFICAS:

Poeta español, nacido en Madrid en 1922, pero santanderino de adopción. Uno de los poetas más representativos de los años cuarenta y cincuenta, está considerado como uno de los grandes poetas contemporáneos de habla hispana. Su obra abarca temas sociales y de compromiso con el hombre, el paso del tiempo y el recuerdo, como puede observarse en su bello «Cuaderno de Nueva York» y «Alegría», dos de sus publicaciones más importantes.
Durante la guerra civil se dedicó a actividades clandestinas que motivaron su encarcelamiento en 1939. Después de ser liberado en 1942, se desempeñó en diversos oficios durante varios años, hasta radicarse en Madrid, donde inició entonces una larga carrera como escritor, jalonada por numerosos premios y distinciones entre los que se destacan: el Adonais por su obra Alegría (1947), Nacional de Poesía (1953), de la Crítica (1958 y 1965), March (1959) y Príncipe de Asturias (1981). Entre sus libros de poesía figuran Tierra sin nosotros (1946), Con las piedras, con el viento (1950), Quinta del 42 (1953), Estatuas yacentes (1954), Cuanto sé de mí (1957), Libro de las alucinaciones (1964), Poemas de agenda (1981). También fue fundador de la revista Proel, y es autor del libro en prosa Quince días de vacaciones y del texto filosófico Problemas del análisis del lenguaje moral (1970). Su obra se caracteriza por reflexionar sobre lo sencillo sin prestar atención a las formas estetizantes, en la línea de Blas de Otero o Gabriel Celaya; pero en su obra se nota la influencia de Gerardo Diego. Se inició con una temática reivindicativa testimonial y poco a poco fue haciéndose más colectiva y existencial. En 1980 se publicó una antología que recogía su obra e incluso poemas inéditos, aunque en 1991 publicó un libro de poemas titulado Agenda. Falleció el 21 de diciembre del 2002


Información extraída de: www.amediavoz.com www.capitalemocional.com/Trastero/jhierro.htm

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SELECCIÓN POÉTICA

SELECCIÓN POÉTICA


Amar la gracia delicada
del cisne azul y de la rosa rosa;
amar la luz del alba
y de las estrellas que se abren
y la de las sonrisas que se alargan...
Amar la plenitud del árbol,
amar la música del agua
y la dulzura de la fruta
y la dulzura de las almas
dulces..., amar lo amable, no es amor;
Amor es ponerse de almohada
para el cansancio de cada día;
es ponerse de sol vivo en el ansia
de la semilla ciega que perdió
el rumbo de la luz, aprisionada
por su tierra, vencida por su misma
tierra...Amor es desenredar marañas
de caminos en la tiniebla:
¡Amor es ser camino y ser escala!
Amor es este amar lo que nos duele,
lo que nos sangra
por dentro...
Es entrarse en la entraña
de la noche y adivinarle
la estrella en germen...¡La esperanza
de la estrella!... Amor es amar
desde la raíz negra.
Amor es perdonar; y lo que es más
que perdonar, es comprender...
Amor es apretarse a la cruz,
y clavarse a la cruz,
y morir y resucitar...
¡Amor es resucitar!

Dulce María Loynaz


TE QUIERO

No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.
Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.
Tal vez consumirá la luz de enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.
En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.

Pablo Neruda (Fragmento de "Cien Sonetos")


BESO

Brilla el sol desde el cielo, brilla pero calienta,
y mira donde estoy, entre aquel sol y tú:
El calor que recibo del sol poco me daña; 195
la llama de tus ojos es la que a mí me abrasa
y si inmortal no fuera, aquí me moriría,
entre el sol celestial y este sol terrenal.
¿Insensible, eres roca, duro como el acero?
O más que roca o piedra que la lluvia ablanda: 200
¿De mujer eres hijo, y no puedes sentir
que es amar y el tormento del deseo de amor?
Si tu madre tuviera espíritu tan duro,
no hubiera conocido la maternal ternura
¿Quién soy para que tú me desprecies así,
o que gran amenaza se esconde tras mi ruego?
¿Qué mal haré si pongo un beso en vuestros labios?
Hermoso, habla primores, o ten la lengua muda:
Dame tan sólo un beso, que yo devolveré
con otro más intenso, y si quieres dos más.

William Shakespeare (Fragmento de Venus y Adonis)


Si amistad se vuelve amor,
adiós quietud de la vida
no hay momento sin dolor
si amistad se vuelve amor.
Huyamos pues el rigor
de la simpática herida,
que amistad vuelta en amor,
adiós quietud de la vida.
Si amor se vuelve amistad,
adiós placer de la vida.
¡Qué insulsa tranquilidad
si amor se vuelve amistad!
Amantes, el bien gozad
de vuestra afición querida,
que amor vuelto en amistad,
adiós placer de la vida.
Mas sin amor ni amistad,
adiós imán de la vida.
Toda unión es soledad
sin amor, sin amistad.
El pecho a un amigo dad
y el alma a una fiel querida,
pues sin amor ni amistad,
adiós imán de la vida ...

Arriaza (Poesías líricas)


"Amor constante más allá de la muerte"

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora a su afán ansioso lisonjera;
Mas no, de esotra parte, en la ribera,
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
Venas que humor a tanto fuego han dado,
Medulas que han gloriosamente ardido:
Su cuerpo dejará no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

FRANCISCO DE QUEVEDO


EL PÁJARO

En el silencio transparente el día reposaba:
la transparencia del espacio era la transparencia del silencio. La inmóvil luz del cielo sosegaba el crecimiento de las yerbas. Los bichos de la tierra, entre las piedras, bajo la luz idéntica, eran piedras. El tiempo en el minuto se saciaba. En la quietud absorta se consumaba el mediodía.
Y un pájaro canto, delgada flecha. Pecho de plata herido vibro el cielo, se movieron las hojas, las yerbas despertaron. Y sentí que la muerte era una flecha que no se sabe quien dispara y en un abrir los ojos nos morimos.

Octavio Paz


Las Quejas de Su Amor

Bellísima parece
al vástago prendida,
gallarda y encendida
de abril la linda flor;
empero muy mas bella
la virgen ruborosa
se muestra, al dar llorosa
las quejas de su amor.
Suave es el acento
de dulce amante lira,
si al blando son suspira
de noche el trovador;
pero aun es mas suave
la voz de la hermosura
si dice con ternura
las quejas de su amor.
Grato es en noche umbría
al triste caminante
del alma radiante
mirar el resplandor;
empero es aun mas grato
el alma enamorada
oír de su adorada
las quejas de su amor.

Jose de Espronceda


NO ES NADA DE TU CUERPO (Jaime Sabines)

NO ES NADA DE TU CUERPO (Jaime Sabines)

No es nada de tu cuerpo,
ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,
ni ese lugar secreto que los dos conocemos,
fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.
No es tu boca -tu boca
que es igual que tu sexo-,
ni la reunión exacta de tus pechos,
ni tu espalda dulcísima y suave,
ni tu ombligo, en que bebo.
No son tus muslos duros como el día,
ni tus rodillas de marfil al fuego,
ni tus pies diminutos y sangrantes,
ni tu olor, ni tu pelo.
No es tu mirada -¿qué es una mirada?-
triste luz descarriada, paz sin dueño,
ni el álbum de tu oído, ni tus voces,
ni las ojeras que te deja el sueño.
Ni es tu lengua de víbora tampoco,
flecha de avispas en el aire ciego,
ni la humedad caliente de tu asfixia
que sostiene tu beso.
No es nada de tu cuerpo,
ni una brizna, ni un pétalo,
ni una gota, ni un gramo, ni un momento:

Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.


SITIO DE AMOR

Sitio de amor, lugar en que he vivido
de lejos, tú, ignorada,
amada que he callado, mirada que no he visto,
mentira que me dije y no he creído:

(Ésta es la última vez que yo te quiero.
En serio te lo digo.)

Cosas que no conozco, que no he aprendido,
contigo, ahora, aquí, las he aprendido.

En ti creció mi corazón.
En ti mi angustia se hizo.
Amada, lugar en que descanso,
silencio en que me aflijo.

(Cuando miro tus ojos
pienso en un hijo.)

Hay horas, horas, horas, en que estás tan ausente
que todo te lo digo.

Tu corazón a flor de piel, tus manos,
tu sonrisa perdida alrededor de un grito,
ese tu corazón de nuevo, tan pobre, tan sencillo,
ese tu andar buscándome por donde yo no he ido:

Todo eso que tú haces y no haces a veces
es como para estarse peleando contigo.

Niña de los espantos, mi corazón caído,
ya ves, amada, niña, qué cosas dijo.


LOS DÍAS INÚTILES

Los días inútiles son como una costra
de mugre sobre el alma.
Hay una asfixia lenta que sonríe,
que olvida, que se calla.
¿Quién me pone estos sapos en el pecho
cuando no digo nada?
Hay un idiota como yo andando,
platicando con gentes y fantasmas,
echándose en el lodo y escarbando
la mierda de la fama.
Puerco de hocico que recita versos
en fiestas familiares, donde mujeres sabias
hablan de amor, de guerra,
resuelven la esperanza.
Puerco del mundo fácil
en que el engaño quiere hacer que engaña
mientras ácidos lentos
llevan el asco a la garganta.
Hay un hombre que cae días y días
de pie, desde su cara,
y siente que en su pecho van creciendo
muertes y almas.
Un hombre como yo que se avergüenza,
que se cansa,
que no pregunta porque no pregunta
ni quiere nada.
¿Qué viene a hacer aquí tanta ternura fracasada?
¡Díganle que se vaya!


MI CORAZÓN EMPRENDE...

Mi corazón emprende de mi cuerpo a tu cuerpo
último viaje.
Retoño de la luz,
agua de las edades que en ti, perdida, nace.
Ven a mi sed. ahora.
Después de todo. Antes.
Ven a mi larga sed entretenida
en bocas, escasos manantiales.
Quiero esa arpa honda que en tu vientre
arrulla niños salvajes,
Quiero esa tensa humedad que te palpita ,
esa humedad de agua que te arde.
Mujer, músculo suave.
La piel de un beso entre tus senos
de oscurecido oleaje
me navega en la boca
y mide sangre.
Tú también. Y no es tarde.
Aún podemos morirnos uno en otro:
es tuyo y mío ese lugar de nadie.
Mujer, ternura de odio, antigua madre,
quiero entrar, penetrarte,
veneno, llama, ausencia,
mar amargo y amargo, atravesarte.
Cada célula es hembra, tierra abierta,
agua abierta, cosa que se abre.
Yo nací para entrarte.
Soy la flecha en el lomo de la gacela agonizante.
Por conocerte estoy,
grano de angustia en corazón de ave.
Yo estaré sobre ti, y todas las mujeres
tendrán un hombre encima en todas partes.

(Más poemas de Jaime Sabines en el apartado de noches temáticas)

Enrique Vidal Molina: Un poeta de imágenes

Enrique Vidal Molina: Un poeta de imágenes

Apuntes biográficos:

Enrique Vidal Molina, poeta argentino, se inició públicamente en la poesía en el año 1950, dando a conocer «Azulerías», obra esencialmente descriptiva integrada por romances y canciones, que en su momento mereciera buena acogida por parte de la prensa en general.
Publicó algunos volúmenes de sonetos, del que no se tienen datos completos (ni siquiera acceso al material), pero se ha sabido por comentarios generales que allí logra, precisamente, su plena madurez poética.
En «Ciudadano en gris», del cual se han tomado los trabajos que comprenden esta selección, hay una linea definidamente estética que lleva al poeta a rebelarse contra la estridencia del mundo contemporaneo y la aterradora indiferencia del hombre para con las cosas bellas y eternas. Su poesía es directa, sobria, fina, elegantemente impredecible y portadora de imágenes de alto vuelo.
Aunque los trabajos que incluyen esta selección estén comprendidos en el verso libre, puede observarse que todos ellos —sin excepción— llevan una linea armoniosamente musical y un ritmo agil y sostenido de principio a fin, lo que hace que la ausencia de rima no se extrañe y llegue a pasar desapercibida, hecho no muy frecuente en la poesía enmarcada fuera de las formas clásicas.


Su poesía:

ELEGIA DE LA ROSA

Buscad el equilibrio, el centro mismo,
la simetría de color y aroma
en la balanza justa de la forma.
Sí; buscad el perfil de la dulzura
y habréis nombrado sin querer la rosa.
Antes que nada y antes que lo bello
era la rosa una verdad abierta
—plenitud absoluta de lo puro—,
y su actitud fragante y distraída
el desnudo rubor de la belleza.
Pasaba por la vida como un ala
sin perturbar su nimbo de silencio,
con la mudez absorta de lo bello
que desdeña el metal de la palabra.
Porque la rosa canta silenciosa
su perfección efímera y durable,
su movida armonía que enamora.
Era un mirlo de olor sobre los días
bajo la cruz de su hermosura breve
y sin embargo, de color y aroma,
de inexplicable y dulce geometría
se desbordaba, demasiado abierta.
Aquello que guardamos inviolado
en el vergel del sueño sin medida;
el conmovido tiempo verdadero
que justifica nuestra vida plena,
tiene ese nombre: Rosa silenciosa.
Lo que perdimos, lo que no ganamos,
el dolor, su guerrera lejanía,
lloran el norte puro de la rosa.

NAFTALINA


Es el aire de abril y una paloma
tras los vidriados ojos del olvido.
Llueve en el corazón. Va la nostalgia
evaporando flores amarillas.
No he podido explicar, pero comprendo
esa dulzura de la voz sin rostro
y percibo el perfil desdibujado
sobre la herida lenta de mi tarde.
Veo mi corazón un día lejano,
uncido a la cometa de la infancia
cabalgar por el cielo del verano.
Y entre otras cosas primordiales, veo
la adolescencia, verde transitorio,
derramando en la calle del asombro
su aroma de jazmín recién cortado.
Se recrea mi sangre en la sal pura
de un viaje azul que sueño verdadero,
y una pequeña mano estremecida
pulsa su adiós más blanco en la ribera.
Es en verdad un viaje. Un largo viaje
que me impregnó la boca de ese duro
y agrio sabor de todos los regresos.
Sí. Retornar a ayer. Sentirse extraño
entre una fronda de palabras muertas.
Era el aire de abril. Tú una paloma,
yo un ansia vertical hecha latido,
con los labios maduros de la espera.
Y tenían tus besos la medida
de mi sed inicial nunca saciada,
y tu ternura viva poseía
el color y la forma de mi anhelo.
¿Te acuerdas, corazón de golondrina?
Para mi absorta selva de preguntas
sólo me diste una respuesta blanca.
Una sola palabra fugitiva
transmutó la delicia de ser niño
en el duro milagro de ser hombre.
Ahora exhumo las cosas esenciales
de ese tiempo sin tiempo que vivimos,
de esa tarde apagada en los espejos
y que sólo nosotros recordamos.
Nostalgia: Generosa naftalina
para un aire de abril y una paloma.

RESPONSO DEL ULTIMO ASOMBRO


En en lejano litoral de espumas
donde el agua salmodie su silencio,
levantad de palomas y jazmines
un túmulo al sombro.
Era bello. Era inútil pero bello
su siempre descubrir lo descubierto,
su penetrar los seres y las cosas
con los ojos intactos, sin memoria.
Era nombrarlo todo y aun nombrarse:
Una flor, una piedra y una mano;
una rama de muérdago, una estrella,
y el estupor de ver lo que miramos.
Descifrar su mensaje y su misterio
en la pura frontera del milagro,
remontar la corriente de la sangre
y sorprender el hombre que llevamos.
¿Dónde está la misión, dónde el sentido
del tiempo, demorado en su premura?
Vamos dejando atrás tanta dulzura
sin desandar el paso apresurado.
¡Qué natural es todo y de qué modo
aceptamos el último secreto!
¡Qué dura ciencia tanta certidumbre!
Ganar la flor, primero que el aroma.
¡Ya no hay nadie que diga sus verdades!
Nadie tuerce su calle. ¡Cómo duele
contemplar cara a cara una azucena!
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
En un lejano liroral de espumas
donde el agua salmodie su silencio,
¡levantad de palomas y jazmines
un túmulo al asombro!

CLARO DE NIEBLA

Estoy desnudo en mi ciudad de barro
con un mensaje azul entre las manos.
Llevo un cuchillo frío de cemento
como clavado en mi perfil de sueño.
Una luna de aceite se arrodilla
en el farol amargo de la esquina.
Sin embargo, mis alas imperfectas
desatan la distancia de una estrella.
Me reclama a lo lejos la escondida,
la subterranea paz de la semilla.
Y para uncir mi espera esperanzada,
sólo me falta un nombre de muchacha.
Cuando pronuncie la palabra pura
será el tiempo redondo de las frutas.
Vendrá desde las márgenes del sueño
enarbolando un corazón de enero.
Una mirada, una sonrisa, un gesto,
los puntos cardinales de mi cielo.
Se alargarán sus dedos sensitivos
en superada vocación de lirios.
Tendrá una rosa que no tuvo nadie
en el rosal viajero de mi sangre.

(Selección del libro «Ciudadano en gris», 1952)

(www.carlosreyna.com.ar/vmolina.html)

Carilda Oliver Labra

Carilda Oliver Labra

Biografía

Poeta cubana nacida en Matanzas en 1924.
Estudió Derecho en la Universidad de La Habana ejerciendo la profesión en su ciudad natal, donde además dictó cursos de dibujo, pintura y escultura.
Es una de las más sobresalientes poetisas de hispanoamérica, ganadora de importantes premios literarios: Premio Nacional de Poesía en 1950, Primer Premio y Flor natural en el Certamen Nacional, ganadora del Certamen Hispanoamericano organizado por el Ateneo Americano de Washington para conmemorar el tricentenario del nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz, Premio Nacional de Literatura en 1997 y Premio Internacional José de Vasconcelos en el año 2002.
Entre sus obras se destacan: «Al sur de mi garganta» en 1949, «Memoria de la fiebre» en 1958, «Versos de amor» en 1963, «La ceiba me dijo tú» en 1979, «Desaparece el polvo» en 1983, «Calzada de Tirry 81» en 1987, «Se me ha perdido un hombre» en 1993 y «Libreta de la recién casada» en 1998.

(de www.amediavoz.com)


SELECCIÓN POÉTICA

LA LÁGRIMA

Como agua pequeñita, como aurora
resplandeciendo así sobre la cara,
como un signo de Dios que se secara
para borrar su marca ya incolora;

como un cristal alegre que demora
sobre mi piel su transparencia rara,
como un hilo de mar que me tocara
o un rocío sin fin en cada hora.

Como espejo que siempre me mirara,
como una estrella diluida y clara,
como gota de lluvia no sonora,

como un brillante pálido que amara
este dolor que tapo con la cara
se me cae una lágrima que llora.


ESTA MEMORIA

Esta memoria
que se cierne como los gorriones
en la rama más alta de mí misma,
este escuchar la noche
cuando hace sombra y el perfume
persiste en su influencia,
esas costumbres tuyas
en la casa,
húmeda del ensueño y la porfía.

La casa donde amabas tu inocencia
sigue guardando
esos primores de ceniza,
sigue con tu respiración flotando. A cuestas
trae los fantasmas pensativos:
está mi padre
rodando entre las cosas
( quería decirme: ¡hija,
al fin nos conocimos!... )
Y han vuelto algunos pétalos
que de un botón remoto habían caído.
Ha vuelto todo el tiempo
que borramos,
en este instante en que repito tu nombre
y sin embargo no es latido.
Telarañas me enseñan donde tengo
olvidada la nuca.
Está sin sábanas el lecho,
en un sillón florece el frío.
¿Cuál es el mago que te trae ahora
y te pone a bruñirme las ojeras,
cuál es el rico
que me da tu cuerpo?
Ya no es posible hallarte en remolinos,
la sorpresa sería
comerte con los ojos.

La casa,
la casa enorme con soledades y heliotropos,
lúgubre, vacía,
la casa centenaria sigue goteando
sobre mis heridas.

Arrancaré el azogue de todos sus espejos
buscándote.
Arrancaré las cenefas, los umbrales,
buscándote.
Arrancaré los muebles, los mosaicos,
el sol,
la selva que en el patio ha dado un solo paso,
mi insomnio de leona enternecida;
arrancaré el recuerdo
buscándote,
y he de encajar de nuevo en tus costillas.

Arrancaré los rincones de la casa,
la casa,

la casa donde nos podrimos.
Ha de quedar algún pedazo tuyo entre raíces,
alguna vibración de tus entrañas,
algún cabello que cayó de pronto
y luego fue un hilo de agonía,
el dejo de tu voz entre las horas:
ha de quedar el giro de tu mano, al fin, llamando:
algo espantoso y bello.
Y yo sabré quien eres,
yo te reconoceré
de rodillas ante el grifo del agua,
yo te reconoceré
aunque sea por el gusto del fango;
y te daré por muerto entonces,
devastado este reino;
pero tranquila,
en orden,
porque tendré el consuelo
de imaginarte a salvo de los hombres.


ESTO

Un corazón que nubla sus señales,
una mirada azul velando rosas,
un pie para morir, y muchas cosas
tranquilas en amor, elementales.

Sin lágrimas que pudra sus cristales,
sobre un montón de fiebres dolorosas,
una muchacha así: con mariposas,
quedándose entre músicas cordiales.

Y con esa piedad casi de nube
por todo lo pequeño que no sube,
deteniendo la luz frente a su nombre.

Una muchacha así, en cualquier lugar,
o preferiblemente junto al mar.
Una muchacha así queriendo a un hombre.


ME DESORDENO, AMOR, ME DESORDENO

Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada;
me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;

y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.


SE ME HA PERDIDO UN HOMBRE

Se me ha perdido un hombre.

Y lo busco por cifras y guitarras,
por hierbas y entrepisos,
en el cielo,
en la tierra,
dentro de mí.

Se me ha perdido un hombre.

Y me quedo temblando
como quien no come sino polvo,
como quien ya extravió la sombra.

Pero no,
que no,
que no me ayudan a buscarlo.
,¿A quién le importa si su mirada ha derrotado el
tiempo?
¡A quién le importa aquella piel
con ganas
de la luz?
¿A quién le importan unos labios transparentes
que no tuvieron hambre,
unas piernas que sólo corrían al amor?

Se me ha perdido un hombre.

Y todos ríen,
se entretienen,
sudan,
mastican
se desenvainan por las noches;
despreciativos,
inefables,
maromeros,
unánimes,
como si sólo se hubiese caído un alfiler
o la hoja más seca
del árbol del bien y del mal,
como si la muerte no hubiera entrado
a destiempo
en nuestra casa.
Y yo pensando que era demasiado joven,
que reunía láminas y piedras,
pedacitos de mundo,
hierros,
cosas del mar.
Yo pensando en su grandeza
de criatura,
en cómo miraba a Venus al atardecer,
en cómo cayó en la trampa.

Yo pensando
en dónde está la mitad del cuerpo mío,
en quién va a cantar ahora para quitarme el miedo,
en las veces que no nos besamos
y en las que nos besamos,
en sus ojos coléricos frente a la injusticia,
en ese silencio con que me responde,
en la herida que nunca le cosí,
en sus manos.

Se me ha perdido un hombre.

¡Ayúdenme a buscarlo!
Pronto...
Siento frío.

Aquí no hay lámparas ni claves,
no tengo redes
ni computadoras.
no tengo flechas ni radares.

¿Dónde estás?
¿Intenta ser mi sombra el desvalido?
¿Se me ha vuelto invisible entre gusanos?


UNA MUJER ESCRIBE ESTE POEMA


Una mujer escribe este poema
donde pueda
a cualquier hora de un día que no importa
en el siglo de la avitaminosis
y la cosmonáutica
tristeza deseo no sabe qué
esperando la bayoneta o el bús
una mujer escribe este poema
sin atributos
a desverguenza y dentellada
fogosa inalterable arrepentida pudriéndose
caemos por turno frente a las estrellas
todos tenemos que morir
no hay nada más ilustre que la sangre
una mujer escribe este poema
qué estúpida la vida que divide sol de sombra
el crepúsculo pasa
acumulándose al final de las azoteas
supimos de pronto de una trombosis coronaria
existes soledad
sonó una bomba
vean si se han roto los lentes de contacto
una mujer escribe este poema
separa quince pesos para el alquiler
mi amigo viejo
se desprende del mediodía por la próstata
bailamos
sigue la preparación combativa
no pasarán
una mujer escribe este poema
como quien ha perdido el tiempo para siempre
creo en el corazón de Denise Darval
hemos ganado porque morimos muchas veces
parece que tengo un derrame de sinovia
no hay tiempo para la poesía
de veras que los frijoles se han demorado en hervir
te juro que mañana presentaré el divorcio
una mujer escribe este poema
como hay fantasmas a las siete en mi pecho
entablillé una rama a la areca que está triste
mamá tú no sabes la falta que me haces
si suena la alarma áerea
recojan a los niños que duermen en la cuna
voy a guardar este retrato del Ché
como calló el canario traje un tenor a casa
una mujer escribe este poema
cargada de ultimátums
de pólvora
de rimmel
verde contemporánea lela
entre el uranio
y
el cobalto
trébol de la esperanza
convalesciente de amor
tramposa hasta el éxtasis
tonta como balada
neurótica
metiendo sueños en una alcancía
ninfa del trauma
jugando a no perder la luz en el último tute
una mujer escribe este poema


(Enviado por Brissa)

HERMINIA D. IBACETA


Llegaste diferente

Llegaste, amor, a despertarme. Ajena
caracola dormía al son del viento.
Como un susurro, amor, así te siento,
tibio beso de luz sobre la arena.
Rozas mi piel, te adueñas de la escena,
tu tañido azulea el pensamiento,
arropada en las ondas de tu acento
voy como nota inmaculada y plena.
Entre vítores tirsos y nelumbos
llegaste a mí, rotundo, diferente,
gigante colosal barriendo huellas,
ensayando horizontes a mi frente.
Llegaste, amor, cambiándole los rumbos
al campo sideral de mis estrellas.


MUERTE

Llegarás a los planos de lo inerte
polvo sin luz, materia consumada.
En las alas informes de la nada
volarás las llanuras de la muerte.
Riquezas ni poder han de valerte.
Al umbral de la última morada
desnudo llegarás, arca sellada
los dones que una vez te dio la suerte.
Coro de bronce cantará tu duelo,
lecho y almohada te dará la tierra.
Las tinieblas espacio para el vuelo.
Y un último tributo pondrá el hombre
sobre la piedra que tu cuerpo encierra.
En indelebles trazos, fecha y nombre.


RÉQUIEM POR ALFONSINA

Era una tarde amarilla...
el mar, azulado espejo,
apenas copió el reflejo
del sol en postrera silla.
Te enlazaron en su quilla
silencios y soledades,
viste pasar las edades
rebelde al propio destino;
te fuiste por el camino
de inhóspitas oquedades.
El mar te abrió su regazo
versificando la espuma,
rítmicamente la bruma
te ciñó en místico abrazo.
Tu esíritu rompió el lazo
que encadenaba la vida.
Con la corola encendida
tu piel besó los torrentes
y reposaste en sus fuentes
como una ninfa dormida.
Ató la noche sus istmos...
al ritmo de la marea
entre corales te crea
senda desde los abismos.
Matinales espejismos
te envolvieron en su manto,
y entre conchas de amaranto
guardó la arena celosa,
en el perfil de una rosa,
libres, tu cuerpo y tu canto.


JESUCRISTO
DEL LIBRO "EN POS DEL RUMBO"

I
La mariposa del atardecer
sus alas tiende sobre los olivos,
queman los cirios sus reflejos vivos
velando al ángel del amanecer.
Entre sombras, sin trono, ni poder,
el Hombre-Dios libera los cautivos
sentimientos, que en dardos punitivos
rasgaban lo más íntimo del ser.
A pocos pasos, inmutable, ajena,
enroscando sus sueños en la arena
dormita la materia en derredor.

¡Levantad la conciencia de la arcilla!
¡Despertad!, que ya siento en la mejilla
el aliento del beso acusador.

II
El premio a la traición, treinta denarios,
el precio del amor, la propia vida.
Por la senda de abrojos revestida
se desangran sus pasos milenarios.
De Judea, en los mudos escenarios,
la imagen del dolor cayó rendida,
al restallar sobre su carne herida
el flagelo infernal de los sicarios.
Ladraron los mastines de la angustia,
se repite su faz, lírica y mustia,
en las albas mareas de un pañuelo.
Y en los ríos de luz de su mirada
la humanidad entera reflejada
aún no cesa de cantar el duelo.

III
Leños cruzados sobre el infinito
en su mudez al Universo ataron;
sobre el desierto, en tormentoso rito,
el rostro de la muerte proyectaron.
Los ocres tintes de aquel sol marchito
la carne desgajada iluminaron,
se rompe el tiempo, en acerado grito
los ecos del espíritu quebraron.
Clavos, espinas, lacerante daga
sendas le abrieron, y su piel enciende
una rosa de luz en cada llaga.
Se entrega de la bestia a los resabios
y por amor la muerte, a cambio, prende
el salmo del perdón entre los labios.

IV
A sus plantas, el Orbe estremecido,
giró al golpe del rayo fulminante.
De la tarde, el inánime semblante,
se agostó como un lirio fallecido.
Se encrespó la marea del olvido;
la soledad, campana delirante,
tañó su pena, y el silencio errante
en las entrañas se palpó el latido.
¡Oh Jesucristo!, la conciencia inerte
de un pueblo entero te clavó en la sombra
infinita y austera de la cruz.
Y ese pueblo que gime y que te nombra,
te reclama, triunfante de la muerte,
desde la sombra convertido en luz.

DESPIERTA LIBERTAD
DEL LIBRO "EN POS DEL RUMBO"

Promesa de libertad,
deuda que jamás se salda,
colgadas llevo a la espalda
tu tardanza y mi ansiedad.
Sombra que en la oscuridad
izas velas y te alejas,
a la deriva, mis quejas
hundes en ciegas mareas
y victoriosa recreas
el dominio de las rejas.
El tiempo muerde las horas…
En su ajeno decursar
se pierden en el andar
las noches y las auroras.
Sol que generoso doras
de otras playas las arenas,
en los ríos de mis venas
se quebraron tus reflejos
y en azulados espejos
marchitan mis azucenas.
Tengo las arcas vacías
de tu pan y de tu vino
y vacío está el camino
de estrellas y de utopías.
¿Por qué osada desafías
mi suerte de hambre y de sed?
¿Por qué en intrincada red
de olvidos me has enterrado
y como el Cristo clavado
me desangro en la pared?
Despiértate, libertad,
salta del sueño, navega,
ante mis costas despliega
el rostro de la equidad.
Te espero en la soledad
vistiendo de sol y brisa
sobre esta roca mambisa
tallada a golpes de fuego.
¡Concédeme al fin el riego
vertical de tu sonrisa!


Y VOLVÍ A VERTE…
Del libro "En Pos del Rumbo"

Y volví a verte…
Doncella entre las doncellas,
desde lo alto y a solas
sobre el manto de las olas
perseguida de mis huellas.
Una estampida de estrellas
en las crestas centelleaba,
sentí que se me escapaba
del pecho el ave al volar,
ríos de sal apagar
la luz con que te miraba.
En un viaje de perfiles
te galopeé por la arena
al anca de aquella pena
hincada de espuelas miles.
Mis venas, torvos reptiles,
distorsionadas serpearon,
al tiempo que se encontraron
clavé sobre el mismo leño
la realidad y aquel sueño
que los años no borraron.
Noches huérfanas de aurora
poblaron mis horizontes,
perpetua fuga de montes
que el pincel del sol colora.
Tu suelo do angustia mora
abrió pétalo encendido,
quise arropar el latido
de tu pueblo en mi regazo,
aprisionando en mi abrazo
sólo un grito compartido.
Las brumas en el celaje,
la distancia mediadora
te marchitaron, Señora,
los signos en el paisaje.
Yo te vestí con mi traje
de palma recién parida,
en una lágrima herida
monté tu imagen y luego
me fui, consumiendo el fuego
de mi propia despedida.
Hoy sigo mi paso errante
ensueños sin ley ni brida,
en el alma la mordida,
en el costado tu cante.
No importa quien se levante
a ensombrecer mi quimera,
yo he de ver la primavera
desde el gemir de mi invierno,
distancia , ni tiempo eterno
podrán rendir mi bandera.

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Claudio Rodríguez

Claudio Rodríguez Poeta nacido en Zamora el 30 de enero de 1934. Estudió primaria en la escuela de Los Bolos y bachillerato en el Instituto Claudio Moyano. En 1952 se traslada a Madrid para cursar Filosofía y Letras en la Universidad Central. Se licenció en la sección de Filología Románica, en 1957. Aunque sus compañeros de instituto le recuerdan por su toque de balón como futbolista, en 1948 escribe sus primeras composiciones poéticas, y en 1949 en el diario El Correo de Zamora, publica su primer poema, Nana de la Virgen María. En 1951 empiezan a nacer los primeros versos de Don de la ebriedad, una obra que impresiona a Vicente Aleixandre, con el que luego Claudio Rodríguez mantendría una estrecha e íntima amistad. Hasta 1958 no publicará su siguiente libro de poemas, Conjuros, y entremedias conoce a Blas de Otero en 1954 (con el que frecuenta el Duero y las tabernas de la ciudad). Con la ayuda inicial de Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre viajó a Inglaterra. Allí fue lector de español, primero en Nottingham y luego en Cambridge. Estuvo entre 1958 y 1964, y allí escribió su tercer libro, Alianza y condena. En 1976 publicará su cuarto libro, El vuelo de la celebración, y en 1983 se edita Desde mis poemas, un libro recopilatorio de toda su obra y por el que recibe el Premio Nacional de Literatura. Dos años después en 1985, aparece Reflexiones sobre mi poesía, y en 1986 recibe el premio de las Letras de Castilla y León. En 1987 fue elegido miembro de número de la Real Academia Española de la Lengua para ocupar el sillón I, sustituyendo a Gerardo Diego. Fue nombrado Hijo Predilecto de la Ciudad de Zamora (1989) y ya en 1991 publica su último libro de poemas, Casi una leyenda. El 28 de mayo de 1993 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Murió en Madrid el 22 de julio de 1999.

Don de la ebriedad (fragmento)

" Siempre la claridad viene del cielo;
es un don; no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.
Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!
Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?
Y, sin embargo -esto es un don-, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja. "

(De el poder de la palabra- www.ePdLp.com)

DE TEXTOS UNIVERSITARIOS A SU DISCURSO EN LA RAE
La prosa de Claudio Rodríguez

EVA MARÍA GARCÍA
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MADRID.- 'La otra palabra' (Tusquets) recoge los textos en prosa escritos por el poeta Claudio Rodríguez. Aquéllos que conocen la extensión de la obra poética de este gran escritor no se extrañarán de la brevedad, también, de su producción en prosa. Una vez más el lector puede comprobar que Claudio destaca por su concisión y claridad. Fernando Yubero comienza su recopilación con dos trabajos que Claudio Rodríguez realizó en su época de estudiante de Filología Románica en la Universidad Complutense de Madrid.

Se trata de 'El elemento mágico en las canciones infantiles de corro castellanas', su memoria de licenciatura, y 'Anotaciones sobre el ritmo de Rimbaud'. Ambas tienen muchos enlaces concretos con la poesía y la poética de este autor, por ejemplo, el tratamiento de elementos mágicos y la relación entre el ritmo de la poesía y el ritmo del caminar.

En la segunda y tercera parte de este libro se reúnen los textos que Claudio escribió sobre poetas que le interesaron y que influyeron en su modo de escribir. Se trata de Pedro Salinas, César Vallejo, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Rafael Alberti, Gabriel Miró, Miguel Hernández, Rafael Morales, José Hierro y Carlos Buosoño, poetas que, en varios casos son amigos personales del propio Claudio. En la tercera parte aparecen estudios sobre Milton, Leopardi, Rimbaud y Valéry.

(Ellibromundo.com)

"Todo Era Amor" de Oliverio Girondo

"Todo Era Amor"   de Oliverio Girondo ¡Todo era amor... amor! No había nada más que amor. En todas partes se
encontraba amor. No se podía hablar más que de amor.
Amor pasado por agua, a la vainilla, amor al portador, amor a plazos.
Amor
analizable, analizado. Amor ultramarino. Amor ecuestre.
Amor de cartón piedra, amor con leche... lleno de prevenciones, de
preventivos; lleno de cortocircuitos, de cortapisas.
Amor con una gran M, con una M mayúscula, chorreado de merengue,
cubierto de
flores blancas...
Amor espermatozoico, esperantista. Amor desinfectado, amor untuoso...
Amor con sus accesorios, con sus repuestos; con sus flatas de
puntualidad,
de ortografía; con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.
Amor que incendia el corazón de los orangutanes, de los bomberos. Amor
que
exalta el canto de las ranas bajo las ramas, que arranca los botones de
los
botines, que se alimenta de encelo y de ensalada.
Amor impostergable y amor impuesto. Amor incandescente y amor incauto.
Amor
inderformable. Amor desnudo. Amor-amor que es, simplemente, amor. Amor
y
amor... ¡y nada más que amor!

(Envíado por Freedom21)
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