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CLUB DE POETAS

SAMUDRAS

SAMUDRAS

Madre En Mis Papeles

Hay en tu cuerpo
una lucha de navíos,
un atropello de esferas,
mujer desnuda y ágil
al sol del mediodía,
fibrosa y tímida línea
como un ejército de manos,
argumento de dura luz
en el fino sonido de la música.

Tu cuerpo te hará madre
en el tiempo de mis papeles,
más tarde el eje de algún estante,
la consistencia de un libro
que llevará tu nombre.
Mas ahora quiero
no verlo solamente,
quiero bucearlo
y que abra sus postigos.

Una habitación en lo oscuro
preciso y tu cuerpo;
brillarás como una lámina de estrellas,
y yo temblaré de amor lleno
echado en tu vientre,
perezoso en tus señales
levitaré, yedra o suspiro
y tú me dirás amor,
y yo te diré siempre.

Luis Gómez "samudras"

Nada más allá del mundo quiero
¿qué tipo de pobreza sufro?
la palabra es mi pan
y llega con crueldad hasta el mantel.

Mucho antes de saber
que las letras eran letras,
que eran el lánguido vehículo
más allá de los ávidos huecos,

descubrí, que al fondo de todo,
existe un mar fugitivo
y la tierra impera sobre la tierra
en el transporte de la monotonía.

Mas nunca dije -no diré-
sin aprender a decir;
la forma exacta del sol en el día,
o la pestaña de la honda luna.

¡Ah, qué pobre similitud mía
celebrando la suave lluvia!
Allí a nadie encuentro por los caminos
del verso; los ecos no se multiplican.

Pero nada más allá del mundo quiero;
ceñido a mis cosas voy
de un ojo ebrio de poderío
a la hogaza de pan sobre la mesa.

Fin

Al final de estos versos
diré que bellos versos escribí,
no porque su ritmo sea constante
o perfecta la asimetría y adjetivos,
serán lindos porque en ellos
estás tú, destilada o compungida,
pálida, ajetreada, tú,
dueña de la pestaña
y de la fisura de fuego.
¡Ah, amor, cuánto océano he palpitado
al fondo de la monótona niebla!
tal vez esperando verte surgir
de una esquina
con palabras en las manos,
inevitablemente con palabras
inquietantes, ojiva desafinada,
que espera al instrumento,
como un salto de repente
donde no existe la premeditación.
Reímos, hablamos, somos por ello.
Nada he de inventar en esta noche
para decir que, pese a todo,
estás aquí, en la sangre y en el abismo,
resbalando por las paredes azules,
purísima mujer mía y blanca.
Dime, ahora que llego al final,
si no estás en cada palabra de cada verso,
escondida o asomada,
ladeada sobre las comas
o en el tercio de tu boca;
si así lo sentiste ¡oh, mi buena mujer!
es que tocaste mi carne viva.

FIN

La locura se viste de ánfora
en la adversidad,
flor que no sabe nacer,
insecto ágil en la frialdad de la frente.
Visto así ¿qué es pues la locura?
cenizas, sólo cenizas.

Estoy cansado de estar cansado,
de vagar de un ojo a otro ojo ajeno,
intacto aún y enorme
en una noria de viva carne.

A veces estoy loco
y otras veces hago creer que lo estoy,
inútil callarme e imposible
en un continuar de repeticiones;
aunque el mar me vuelva loco
y me vista de locura para escribirle.

¿Qué soy yo tendido
en la rueda del tiempo?
En un sol agudo es breve la locura,
consistencia de la estancia vacía.

A ciegas acumulo el sinsaber del día,
musgo o cascabel en las estatuas
donde exilio el hombre cuerdo
y asoma una locura impecable;
después sólo cenizas solo.

Flor subyugada

Bucólica flor bajo una estrella
al culmen del rocío empapada,
llegará el sol, y con la mañana,
hundirá la raíz en un aro de tierra.

Con las claras ya en su mediana
para el viento será marioneta,
cuenco de palabras cuyas letras
son fuego en tus pétalos de agua.

Luego se vendrá a hacer en la casa
del jarrón su diaria monotonía,
y morirá poco a poco sin decir nada.

Y todos al verla dirán: con el día
¡qué bella eras al rocío subyugada!
y mírate ahora al son de la agonía.null

INVENTO PASILLOS

Sucede que invento pasillos
en la playa triste,
y envueltos en oscuridad
dejo semilla en las olas.

Que espero las flores
de los ociosos domingos,
que me estoy volviendo loco
y no me encuentro.

Hablo con los insectos,
con los pilares del muelle
esperando, no sé lo que espero,
¿tibieza para mis manos?

Sucede que desencadeno
vulgas cosas y divago
¡ah, divagar, divagar
sin saber que estoy divagando!

Lloro por los paisajes lejanos,
aquellos pueblos
que sólo los que lo habitan
saben su nombre.

Voy en el canto del recién nacido,
descubro mis manos,
toco sed en mi boca,
juego con la luz primera.

Sucede que pienso en ti
buscándote por la casa, ciego
en brutales recuerdos,
y no me hallo, no me hallo.

CON TOTAL AHINCO

Mientras haya una ventana abierta
y el azar de la suerte sea un único
barro mortal del hombre impúdico,
mansamente seguiré sus letras.

Esta sensación de sombra inútil
que aciaga la mar como un cincel,
capitán del viento, metálico dintel;
¿para quién mi palabra será útil?

¿Quién, cuando muera dirá -poema-?
Pues al igual de otros yo aprendí,
mas yo no puedo enseñar a escribir
ni que el sentimiento se comprometa.

¡Ay esos que se miran en el espejo!
vidrio o símil que nunca se rompe
del día hacia la tarde, y con la noche,
sólo ven el divino perfíl de su reflejo.

Pues en la poesía no hay sistema
ni rigen con total ahínco las normas;
cuando muera seré algo en la rota
noche y empezarán a llamarme poeta.

EL FINO HILO DE LOS DIAS

Tú perteneces al fino día,
al aire de repente que asbsorbo.
Para tu sonrisa clara,
suave como una de tus manos.

Como un niño va y viene, voy
de la luz al reflejo,
del tiempo ocioso al laboro;
nace la luna con tu desnudez simple.

Dos estrellas visitan tu pecho
y la virginal línea de tu vientre
¡ah, amor! eres un racimo de agua
y la mar te zarandea despacio.

De la sombra de la lámpara
haces figuras en el espacio,
para tu boca de nada toda llena,
para la perla en tu cuello milagrero.

Yo voy atando de sal los trinquetes
a tus piernas como un navío
que a lo lejos se rompe del cielo
en los entrehilos de la locura.

¡Ah, amor, tú que brevemente
eres la llama que cimbra en la playa!
¡ah, amor como un mundo
qué bonita eres, amor, qué bonita!

Por el camino recojo las cosas
que dices que no te pertencen,
una hoja, un diente, un dedo,
y con ellas voy haciendo racimos.

MI VERSO ES DE MI VERSO

Soy, al final de todas las cosas,
la frecuencia del silencio;
amigo del aire de un mayo hondo,
camino por un caos total
de rumbos inconstantes.

No espero que algo suceda
para escribir sobre lo que sucedió,
amor, suicidio, flores en el parque.

Prefiero desgastarme en unos labios,
abrir los candados de unos labios
y dejarme caer,
todavía labios, en esos labios.

Busco en el atrio las señales
-el atrio ahora es mar,
en la mar yo soy nada,
una huella antes de producirse-

Mi verso es de mi verso,
quiero decir que no es mío,
yo sólo soy la ventana y él es la luz.
Mi verso eres tú y yo no estoy.

MI MUERTE

Cuando levante muros invisibles
no seré de las flores
a la tierra pordiosera;
vendrá la muerte sin morirse,
como viví la vida sin vivirla.

De los fragmentos arderá
la funda de la mano con que escribo;
ahora que aún estoy lúcido
dejaré serias instrucciones
para la mar, muy serias, para la mar.

Quiero morir y que nadie lo sepa,
amigo del viento
y de aquel camino cruzado
entre los blancos arenales, sí,
y de esa verdad echarme a volar.

En el vivir de otros estaré vivo
tragando sueños que haré de ellos,
pues de aquel que acerque sus ojos
donaré el testigo de esta mesa ;
no quiero que cataloguen en la piedra.

Mi muerte será un anochecer inmenso,
de inmensas estrellas, inmensa luna
bajo una lluvia desatada,
no obstante, todavía calado de agua
y que ya no importara, o sí.

A LO LEJOS

Estoy triste, muy triste,
más triste aún.
A lo lejos los silbos árboles,
la mar a lo lejos se ciñe y aprieta.

Los pájaros a lo lejos,
ciegos cimbran, ciegos cantan,
mi tristeza, muy triste se ahoga
y calla con los pájaros que cimbran
a lo lejos y cantan.

Lejos la vida de estar lejos,
a lo lejos se duele;
lejos de vivir vivo
con el silencio de las tumbas.

Las alamedas oscuras,
sombrías de amargor antiguo,
se alinean y se rompen
¡ah, dolor de alamedas muertas!

A lo lejos el bendito silencio
aprende a no recordar,
pájaros, vida, las oscuras alamedas;
todo silba a lo lejos.

DEJADME

Dejadme a solas con mi locura,
con los golpes duros de la vida,
loco de amor loco en la orilla
soñándome aún en su cintura.

Dejadme de repente, sin aviso
en el margen quieto de sus labios
perdidos, que aún sigo pensando
con su boca en mi boca sin sonido.

Recorrí océanos en sus pupilas,
casta que era del campo su flor,
mas mirándola jamás le dije amor
tú abres la cicatriz de mi herida.

Dejadme pues con mi recorrido
de arcenes y patios difusos,
que no vísceras, que no músculos,
nada basta para hablar de olvido.

Nada importa si hasta la luna
de su ciega mano voy de impulso;
nada para sentir temblar mi pulso
más que la gravedad de esta locura.

Y cuando me dejéis id a decirle
que la mar sigue en el porche,
que el jazmín embaraza las noches
y que yo, loco de ella, muero triste.

ENCERRARME CONTIGO

Quiero encerrarme contigo en un patio
colmado de trinos y de azucenas,
que desde sus zócalos, la luz plena,
suba reptando hasta el tibio naranjo.

Del socorro quiero que muramos
alejados del abismo de la indiferencia,
abeja libadora que en su labor partiera
en dos los cuerpos y en uno las manos.

Hora divina que viene a encalarnos
¡pobre musa mía! que nadie dividiera
el corazón y la sangre azul que bombea
regada con la retama dormida del árbol.

Del agua transparente soy loco ufano
y mi cordura se esconde en cinco cuerdas,
ameba sigilosa que lucha contra la perla
y yo te quiero conmigo en un patio.

Blanco jazmín que hila su ojiva en blanco,
levedad en mi cielo que es tu puerta
¡ay, niña bonita! vente al patio y cierra
las ventanas y mi boca con tus labios.

En un patio quiero encerrarme, por eso,
en la clara vastedad mojada de la siembra
y que desde los silbos campanarios tú vieras
que sólo vivo cuando contigo me encierro.

NADA DESCONSUELA

Me gusta acercarme al papel
con la cabeza fría,
con el corazón ardiente y vagar.

Inventarme otro yo
para contar cosas sobre mí,
sobre él, en la perpetua noche de hielo.

¡Cómo me gusta el sabor a luna
que baja de una estrella
y se queda en los cristales!

A veces, más veces aún,
aún muchas más veces
y acaso aún me dejo existir.

Me gusta ser así como soy,
humilde hasta saciarme
y complejo de pura sencillez.

Avanzo por la orilla del mar
quizás pensando que en breve
el mar me exiliará de la orilla.

De la mano de un lirio líquido,
del roce del surco de la fresa;
a todo pertenezco y a nada.

Me gusta el delta del presente,
ese recién llegado y perdido
en la mirada del extranjero.

Seco las palabras al sol,
estatuas de sal ácida, y pleno
paseo sin el luto del viudo.

Ahora empiezo a asomar;
veo en los rostros algo enorme,
y nada me desconsuela, nada.

samudras

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